viernes, 10 de octubre de 2008

Falsa alarma… SOY MAMÁ!!!

Nunca creí que yo fuera a ser de “esas” personas. Es más, siempre me parecieron cuanto menos exageradas. Toda mi vida sostuve que una persona, es una persona y un animal, es un animal. Así de simple. Un perro tiene nombre, solo para que por pura simpatía, no nos lo comamos, y es por esa misma razón, que las vacas y los pollos, por ejemplo, no tienen nombres propios, son eso, vacas y pollos. Ni Daysi, ni Sasha, ni ningún otro nombre que los iguale a nosotros… así nomás, sin apodo, con o sin guarnición, son vaca y pollo a secas.
Ahora, todo esto cambia rotundamente, cuando el animal en cuestión deja de ser un animal, para pasar a ser tu animal. Yo lo pude comprobar cuando una vez, un grillo (si.. un grillo) se instaló en una maceta de mi casa por unos siete u ocho días. El primer día fue un grillo. El segundo día fue “Pepito”…y el día que algún insensible lo mató para no tener que soportar más su “Cri Cri”, fue un verdadero bajón. De más está decir entonces, que a esta altura Ramona dejó de ser una gata, para pasar a ser una integrante de la familia de la cual estamos pendientes todo el tiempo y a la cual nos dirigimos con tonos de voz y con gestos que deben hacer que la pobre gata, piense que fue adoptada por una parejita joven, pero con serias atrofias cerebro-hemisféricas, con lo cual, a esta altura, no sabemos que tan contenta está de estar con nosotros. Lo que si sabemos, es que nosotros estamos, felices. Al menos yo, siento que Ramona me alegra la vida. Me cambia el humor y me ayuda a olvidarme al menos por un rato, de todos los “problemas” que tengo en este momento de mi vida. Lo que no se bien, es cómo hace todo eso, porque la verdad es que su día se divide en dos actividades claramente marcadas. La primera de ellas, que abarca aproximadamente unas diez horas diarias, podría describirse como “dormir a pata suelta en la parte más cálida del piso del living” sin importar absolutamente nada más. La segunda actividad, y que ocupa aproximadamente el resto de su día, es la denominada “dormir a pata suelta, en cualquier otra parte de la casa”, preferentemente, arriba de alguno de nosotros dos. Aunque para ser justo con ella, debería reconocer que también pasa algunos minutos al día, mordiendo cuanto cable eléctrico encuentra a su paso entre siesta y siesta (aunque solo sea porque no entendió aun, que en la pelea Ramona-Edenor, la privatizada lleva por lejos las de ganar). En síntesis, no tengo idea de cómo lo hace, solo sé que me hace bien, aunque debo reconocer que hasta hace un par de días, estaba algo preocupado por su sordera.
¿Por qué hasta hace un par de días? Porque por entonces me di cuenta de algo que me tranquilizó, y que hizo que finalmente encontrara la respuesta a mi temor. La respuesta es simple. Se llama Veterinaria. Pero déjenme contarles como decidí llamarla.
El otro día fue el cumple de Noe (mi hermana), que después de cumplir treinta años (y casi morir de un susto en el mismo día gracias a la fiesta sorpresa que le organizó Ceci), decidió que un Karaoke, era la mejor forma de celebrar su día. No hizo falta más que una sola canción. En la primera misma me di cuenta de todo y me empecé a sentir mucho mejor. Para romper el hielo, Noe y Ceci, abrieron el karaoke con lo que a mi juicio, merece el título de evento artístico, cuanto menos, novedoso. Lo que hicieron fue simple y complejo al mismo tiempo. Mientras la música que salía de los parlantes correspondía a una canción de Shakira, y la letra que ambas entonaban también, la melodía de sus voces improvisaba, en el mismo instante una tonada absolutamente desconocida para mí, y para el resto de los presentes. Era como una gran improvisación vocal, con música midi de Shakira en el fondo. Ahí mismo me vino la idea. Si yo no conociera a Ceci y a mi hermana, hubiera pensado – Mirá que bien como se animan a cantar las chicas sordomudas...- . Y fue entonces que pensé que talvez, lo mismo estaba haciendo con Ramona. Es decir, talvez Ramona no era sordomuda, sino que simplemente maullaba mal.
Al día siguiente la veterinaria me lo confirmó. No tengo una gata sordomuda. Es una gata muy muy chiquita, y todavía no aprendió a maullar, no tiene una madre a la que imitar, entonces maulla sin sonido (al menos eso hacía hasta ayer). Por lo demás, no responde a los llamados y los ruidos, pero no porque sea sordomuda, sino porque en términos médico-veterinarios, lo que tiene mi gata, es que todo le importa un huevo.
Lo de ayer merece un punto aparte. Ayer, después de salir un rato largo de casa, me encontré con una escena que no me esperaba. Al volver y abrir la puerta, Ramona vino corriendo y empezó a maullar sin dejar de seguirme por toda la casa. Simplemente me miraba y maullaba emitiendo un sonido agudo y cortito (una mezcla entre un aguila y un kohinor en mal estado). Así estuvo por un rato largo largo mientras yo (debo reconocer que estúpidamente) la felicitaba continuamente por haber aprendido a maullar.
Unas horas después, cuando Lu volvió de trabajar, le conté lo sucedido. Y entonces, ahí nomás, Lu, mi novia, la mujer con la que voy a casarme, la hermosa mujer con la que quiero compartir mi vida. Lu, la misma con la que vamos a acompañarnos y cuidarnos en la salud y en la enfermedad, me sonríe, y así, sin ningún tipo de miramiento me dice:
-Seguro que la gata debe pensar que sos la mamá, por eso te anda maullando todo el tiempo…-
Ella, la que sabe mejor que nadie, que puedo pasarme días enteros pensando en la más mínima estupidez. Ella, la que conoce toda la historia sobre el gen de la “culpa por todo” que llevo en la sangre, ella, la que después tiene que aguantarme en mis ataques de culpa, me dijo eso, que la gata cree que YO soy su mamá.
De más está contarles que desde ayer se extinguió por completo mi preocupación por la sordera de Ramona. Claro que a partir de ahora no puedo dar un paso, sin sentir que cada vez que la gata hace el más mínimo gesto, maullido, movimiento o ruidito, es porque necesita algo de mi, y que de no dárselo, cualquier problema que tenga, va a ser responsabilidad absolutamente MIA, en fin, de su ¿madre?!!!!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Una más… y no jodemos más!!!

Viniendo de la serie de desafortunados acontecimientos que se sucedieron en la relación “FAUNA – YO”, esta vez fui mucho más precavido, algo tenía que cambiar, para que entonces sí, yo pudiera modificar el rumbo de mi vida.
Una vez que "el gaucho" no estuvo más en casa, dejé pasar veintidós largas y solitarias horas, y entonces sí. Ya era hora de un cambio de verdad. Ya estaba completamente listo. Analicé racionalmente la situación que había vivido el día anterior. Lo pensé desde todos los ángulos posibles. Lo consulté hasta con la Señora Miyagi. Mi conclusión fue rotunda: Yo tengo mala leche, no lo voy a negar, pero “el gaucho” era, sin lugar a dudas, un mal nacido hijo de perra.
Con la tranquilidad de no ser el único culpable de la fallida relación entre el can y yo, (y esto ya fue, a mi juicio, un avance astronómico, ya que siempre me sentí culpable de toda relación infructuosa en la que participara, e incluso a veces de aquellas relaciones en las que yo no había tenido nada que ver), me puse nuevamente de pié, para esta vez sí, encontrar un camino positivo para salir de mi situación. Por supuesto, la única forma que conozco, es buscando una nueva mascota. “Una más, y no jodo más” pensé mientras google, hacía la parte aburrida del trabajo por mí.
Un gato. Estaba decidido. Quería un gato, porque ya habiendo comprobando empíricamente la falacia de la frase “perro que ladra no muerde”, tenía aún esperanzas (y sobre todo teniendo en cuenta mi reciente historial de mala suerte) de encontrar algo de verdad, en la creencia popular que supone que los gatos tienen siete vidas. Así fue que luego de intensas negociaciones con google, lograba que éste, eliminara de mi búsqueda al elenco completo de “bailando por un sueño”, para dar, entonces sí, con la clase de gato que estaba buscando.
Revisé varias opciones, pero finalmente me decidí por una, que intuí, sería la correcta. Me fui hasta el lugar y con una única mirada fue suficiente, en menos de un segundo de estar allí, decidí que nunca en mi vida iba a tener catorce gatos juntos. El olor era insoportable, catorce animalitos eran demasiada mascota para mi gusto y para mi nariz, así que la entrevista duro poco. Elegí una gatita de 45 días con colores mezclados entre el negro y el rojo, y me despedí agradecido (por la hermosa gata y por el aire puro del exterior).
Una vez en casa, y luego de esconderse en cuanto rincón encontró para alejarse de mi, sucedió lo inesperado. Mientras buscaba el mate dentro de la alacena, y con la ayuda de mi profunda enemiga, “La gravedad”, todos los jarritos de loza que tengo, fueron a parar al piso. El ruido me asustó incluso a mi, que veía como toda mi colección de vajilla de “todo por dos pesos”, explotaba inevitablemente en el suelo de la cocina. ¿Ella? Inmutable. No se asustó en lo más mínimo. Siguió sentada en el mismo lugar, sin prestarme, ni a mi, ni a mi crisis de vajilla, ni la más mínima atención. Cuando terminé de sepultar los restos de mis platos, vasitos, platitos, tacitas, e inutiles compoteritas chinas (de verdad que era toda made in china), me dediqué a llamar a Ramona (así fue finalmente bautizada la gata) con todo tipo de soniditos y muecas, que de seguro me habrán hecho ver absolutamente idiota. Nada. Ni cinco de bola. Comencé a aplaudir, a gritar, a silbar, y hasta empecé a golpear una cacerola en algo que comenzaba a parecer especie de protesta ridícula y con bajísimo poder de convocatoria dentro de mi cocina. Nada. No me daba bola, ni siquiera me miraba. Pero unos segundos después, sucedió. Salió de debajo del sillón, y casi estrenando su nuevo nombre propio, me miró a los ojos y sentó el culito en el piso. La miré, y con una voz que me daría vergüenza reproducir le dije:
-Hola Ramona hermosa, bienvenida!!!!
Ramona continuó mirándome unos segundos. Luego abrió la boca, y sin dejar de mirarme emitó un gran - ……..-. Nada. Silencio absoluto. Una y otra vez, la gata abría la boca y no le salía ningún ruidito. Ni miau ni nada de nada!!!!
No lo podía creer. En medio de una taquicardia 100% justificada y maldiciendo el momento en el que decidí dejar de fumar, comencé a atar cabos. No se asustó con la catarata de porquerías made in china que cayó de mi alacena. No respondió a ninguno de mis muchos llamados (por ridículos y humillantes que fueran para mí). Abrió la boca y no emitió el más mínimo sonido… Era obvio!!! Tristemente obvio!!! No solo había tenido una de las poquísimas gatas fóbicas que debe haber en el mundo, sino que ahora, mi estúpida mala suerte, se las había ingeniado para reírse de mi nuevamente. Lo imposible sucedía otra vez. Ahora, Increíblemente (si si, escuchalo bien), creo que ahora, tengo una gata SORDOMUDA!!!!
Se dice (y no “se dice por ahí”, como así nomás, sino que se dice en documentales de “Discovery Chanel” entre otras fuentes que podría citar) que una persona tiene muy pocas probabilidades de, por ejemplo, ganarse la lotería y ser golpeado por un rayo, ambas en el transcurso de una vida. Las dos cosas son tan poco probables, que dar con una de ellas, ya es una rareza de por sí. De ese modo, uno podría y hasta debería suponer que habiendo adoptado a Lupe “la fóbica”, y ahora a Ramona, “la sordomuda” yo ya estoy hecho con las rarezas y/o con las cosas “poco probables” en esta vida. Pero si hay algo que justamente mi vida me dejó claro, en mis hasta ahora 32 años de vida, es lo siguiente:
Por un lado, que las probabilidades son puro verso. Chamullo, dicho en criollo. Y por el otro, que debería dejar de jugar a la lotería, después de todo tengo tan pero tan pocas probabilidades de ganarla que es casi inútil seguir gastando en eso, y por otro lado, y teniendo en cuenta el camino recorrido por mi suerte, creo que debería considerar seriamente la posibilidad quedarme en casa los días de tormenta eléctrica.

jueves, 2 de octubre de 2008

Mi perra suerte...

A esta altura, de más está decir, que no me considero un tipo muy “suertudo” que digamos. Me parece que simplemente hay, por un lado, gente a la cual todo le sale bien sin importar ni como ni cuando hagan las cosas, gente que tiene suerte, o dicho en criollo, gente que tiene un culo bárbaro. Por otro lado, hay gente que no. Gente que no tiene suerte, gente a la que las cosas no le salen, gente sin nada nada de culo. Yo, definitivamente, me ubico dentro de este numeroso segundo grupo para el cual la vida, termina en el huesito dulce… y después de eso… la nada.
En el último tiempo, mi vida pasó a ser como la ilustración de esa frase que dice: “llueve sopa y yo tengo un tenedor”, pero a un nivel más profundo, a un nivel donde además de desafortunado (y aunque creo firmemente que mis elecciones fueron, sino correctas al menos justificadas) me siento un poco como el culpable de mi mala suerte. Sería algo así como “llueve sopa y yo tengo una cuchara, y hasta tengo una servilleta y queso rallado Light!!!!.... lo que no tengo justo justo ahora, es hambre!!!”. Si bien puede ser que a veces (como estoy tratando de entender en mis sesiones con la señora Miyagi) no sea mi culpa, es una sensación que no puedo evitar, es así de simple, porque además de heredar el gen de la panza con tendencia al hiperdesarrollo, una muy alta probabilidad de contraer tremendas alergias primaverales y la habilidad de enojarme profundamente (y hasta de gritarle) a elementos materiales inanimados como por ejemplo una birome que no escribe, tengo la mala suerte de haber heredado el gen de la culpa por todo. (tranquilos papis, todavía no descubro quien de los dos fue!!!).
La cuestión, es que estoy próximo a casarme. Se preguntarán qué tiene que ver mi casamiento con mi gen de la culpa por todo. Bien, tiene que ver porque me di cuenta de que es probable que en un par de años (o dos pares de años) haya por el mundo pequeñas versiones de mi mismo (también llamadas HIJOS) y mi preocupación es, ya no si heredé y de quien heredé ese gen, sino descubrir si además de portador infectado, soy un transmisor del mismo.
Con esa idea fue que hace un tiempo no muy largo, se me ocurrió que talvez una buena forma de ahuyentar la mala suerte de mi vida (y con ello también esa sensación de que toda cosa mala que pasa a mi alrededor es MI culpa) era consiguiéndome una mascota, que con su incondicional afecto y sus incontenible catarata de amor limpiara el ambiente (o el dos ambientes) en el que vivo. Simple. Chau mala suerte, chau culpa. ¿Qué terapia ni terapia? Mas-Co-Ta. De esa forma, fue que me di a la búsqueda de un pequeño gatito en cuanto refugio felino conseguí ubicar. Después de entrevistarme con varios gatos que no fueron de mi total agrado, di con LUPE (así la bautizamos), una gata de tres meses, blanca y negra, super super cariñosa, y además, hermosa. No lo dudé, me la llevé a casa saltando de alegría (no literalmente claro, son como cuarenta cuadras, además, con mi racha de mala suerte, seguramente un salto de alegría terminaba en esguince).
Una vez en el sillón de casa, me senté listo para recibir su catarata de amor. Increíblemente, fue lo que recibí, pero con el transcurso de los días, la catarata se fue transformando en una cascadita, una leve lluvia, y finalmente una llovizna molesta. La gata comenzó a pasar más tiempo encerrada en una caja (por su propia decisión que quede claro) que jugando conmigo. Era esperable. Mi suerte se había hecho presente otra vez. Resultó que la gata, la mimosa gata, la hermosa gata, era fóbica. FO-BI-CA. Debe haber 1 gata fóbica, cada 600.000 gatas “normales”. Yo elegí a LUPE. La fóbica. En resumen, la tuve que devolver al refugio, porque la combinación entre amo desempleado y gata fóbica necesitada de carísimos medicamentos, no me pareció la mejor de las combinaciones (lo cual, de más está decir, me hizo sentir terriblemente culpable).
La cuestión es que, no contento con esta última experiencia, decidí seguir buscando la solución, entre la fauna domesticada.
¿Gatos? Nunca más!!!!
Ahora voy por los perros. Esos dulces y tiernos animales capaces de transformarse en el mejor amigo del hombre. Fieles. Compañeros. Guardianes. En fin, un perro me pareció la solución.
Repetí la búsqueda, esta vez cambiando la palabra “gato” por la palabra “perro” en el google, y comencé a recorrer refugios nuevamente. Finalmente di con “Gaucho”, un mestizo hermoso, aunque un poco grande para mi depto. No lo dudé. Gaucho se vino conmigo.
En el viaje imaginaba como sería volver a casa de ahora en más. Lo ví claramente. Me imaginaba a mi mismo doblando la última esquina antes de llegar. En la puerta del edificio estaría él. El Gaucho (aunque pensaba cambiarle el nombre) esperándome ansioso. Al verme, vendría corriendo hacía mi (en cámara lenta, que es mucho más emotiva) moviendo velozmente la cola, y con la lengua afuera rebotando contra su cara, mientras de fondo y a todo volumen, sonaría “Friends will be friends” de Queen. Se tiraría arriba mío y me llenaría de besos y ladridos de alegría, de esos que dan los perros cuando quieren decir “que bueno que volviste amigo!!!!”. Yo lo abrazaría, y juntos nos iríamos a casa a disfrutar de nuestra reciente pero profunda amistad mientras la canción de Queen iría bajando de volumen.
Mmm…no. Simplemente no fue así. Llegué a casa, y el muy hijo de una gran perra (naturalmente) me mordió. Si. Me mordió!!!. Y me mordió sin Queen de fondo. El muy hijo de perra me mordió a secas, así nomás, en pleno silencio!!!.
De más está decir, que después de la mordida, vino la tarjeta roja y la automática expulsión del can (imaginen ustedes que si me puedo enojar y hasta gritarle a una birome sin tinta, lo menos que le correspondía al Gaucho era el destierro).
Fue algo doloroso, pero al menos, los dientes de “mi perrito” (porque ni a cambiarle el nombre me dio tiempo el hijo de perra) clavados en mi pierna, hicieron que la adrenalina expulsara de mi torrente sanguíneo a la culpina (endorfina de la culpa) haciendo más llevadero el momento de su expulsión.
Después de todo esto, estuve leyendo en una página de Internet, que uno de los animales más buenos del reino animal, es la ballena, así que estaba fantaseando con pedir presupuesto para una pecera de unos… mmm… ¿35 mts? Aunque no sé… porque si se llegan a extinguir, ni la señora miyagi me va a sacar la culpa!!!

sábado, 27 de septiembre de 2008

I’ll be beep…digo I’ll be back.

Ayer, después de bastante tiempo sin hacerlo, salí con dos de mis mejores amigos a tomar algo. Fuimos a un pub del microcentro que todos conocíamos desde hace ya muchos años.
Cuando llegamos, nos ubicamos en una de las pocas mesas libres. Una vez ahí, entre cervezas y cafés, intentamos, por sobre el volumen de la música, comunicarnos por medio de una serie de gestos que creíamos comprensibles, pero fue inútil, porque una cosa, es transmitir gestualmente oraciones como “pasame la mostaza”, cuando la mostaza está justo ahí, en la mesa, y otra muy distinta es tratar de hacer que te entiendan, cuando solo sirviéndote de un par de gestos, querés decir, “Y…por ahora no estoy yendo a terapia porque no tengo un mango… pero apenas consiga laburo retomo…¿y vos boludo? ¿seguis?". Absolutamente imposible, así que durante aproximadamente tres cuartos de hora, nos conformamos con poder charlar en los intervalos de silencio entre cada una de las canciones que un grupo de música tocaba en vivo en el lugar. Debo reconocer que sonaba bastante bien. Era una banda “que imitaba” a U2. Y cuando digo “que imitaba” , lo digo en todo sentido. Tocaban las canciones de U2, se movían como los U2, tenían el aspecto físico de los U2, se vestían como los U2, y el cantante, Bono (Vo?? Noooo) hasta nos hablaba en “inglés” … y cuando digo en “inglés” NO lo digo en todo sentido (Güil or güiraaaauchuuuu, güiiiil or güiiiraaauchuuu aja…).
En fin, de la salida de anoche, me quedo con un par de cosas importantes para recordar. La primera de ellas es que está muy bien ser totalmente fanático e idolatrar a alguien por completo, vestirse como, caminar como, hablar como, SER como...Todo eso está muy bien. A los quince años. A los treintaipico, no. A los treintaipico ya das una imagen así medio como “el boludote”.
Otra cosa de la cual tomé nota mental gracias a la noche de ayer, es que tal vez, un recital en vivo no es el mejor lugar para ponerte al día con tus amigos. A menos que te muevas en un círculo de amistades hipoacúsicas, repito, un recital, no es el mejor lugar.
Hoy, teniendo en cuenta lo aprendido en la salida de anoche, quise anticiparme. Cómo tengo que encontrarme con una amiga de la facu a la que no veo hace rato, y pensábamos hacerlo en un bar, me dije a mi mismo – Yo por las dudas llamo, y pregunto si hay recital en vivo o algo así…– para lo cual, obviamente, necesitaba el teléfono del lugar. Cómo no lo tenía pensé unos instantes y mi tremenda lucidez mental, me brindó una solución inmediata: La gloriosa línea de informaciones 110!!! Agarré el teléfono y llamé de inmediato. Lo que sigue, es un pequeño pedacito de la conversación que tuvo lugar instantes después:


- Bienvenido al servicio de información de guía 110, de Telecom Argentina.- me dijo la voz de la grabación – Si desea conocer un número telefónico de páginas blancas, marque 1. Si desea cono...-
- Piiiiip – (sonó el número 1 en el teclado de mi teléfono)
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada.- dijo amablemente la voz de la locutora.
- Colegiales...- Dije casi distraído.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada. – Repitió la voz.
- Colegiales...- Dije más lentamente esta vez.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada. – insistió la grabación.
- Co-Le-Gia-Les – Esta vez, silábicamente.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada – Repitió la voz por tercera vez.
- Collllleeegiaaaalllllleeeeessss – Esta vez, muuuy lentamente y en un tono tipo Forest Gump.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada
- COLEGIAAAALESSSS LA PUTA QUE TE PARIO!!! – Ya gritando enfurecido.
- Aguarde un instante por favor …– Dijo muy amablemente la grabación.

Finalmente un ser humano de nombre “Marisa” me volvió a hacer (una única vez) la misma pregunta que la grabación ya me había hecho (4 veces), y tres preguntas y veinte segundos después, me encontraba anotando el teléfono que estaba buscando.
Después de esta experiencia, solo tengo clara una cosa, y es que con maquinitas tan tremendamente pelotudas, John Connors, Sarah Connors, y el terminador bueno, pueden dormir recontra recontra tranquilos.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Eureka!!! Todo solucionado!!!

Hoy desperté con dos ideas dando vueltas en mi cabeza. Las dos son geniales, perfectas para ayudarme a cambiar mi mundo. A darlo vuelta, o por lo menos, a encontrarle una salida, porque a esta altura, y gracias a muchas sesiones de terapia entre otras cosas, ya comprendí que el mundo está dividido en dos clases de personas. Las que saben lo quieren hacer con su vida, y YO.

La primera de estas ideas me vino cuando escuchaba en la radio una noticia sobre el gran problema financiero que están sufriendo los norteamericanos, y que por ende (porque todos sus males son de exportación) también estaremos sufriendo nosotros a la brevedad.
La noticia en cuestión decía algo así como que los grandes medios de difusión norteamericanos se habían puesto de acuerdo en que, para evitar mayores daños que los ya causados por el nombrado problemita de billetes verdes, no se deberán usar en ninguna transmisión radial o televisiva, palabras como Catástrofe – Recesión – Crisis – Hipotecas – etc. Estos genios del pensamiento con cuatro ángulos rectos, suponen que no utilizando esos vocablos, la ciudadanía del norte, no va a pasarla tan mal, motivo por el cual, y simplemente siguiendo esta regla de tres simple yankie (simplísima, easy easy pero posta posta ehh), para no sentirme tan mal con mi presente personal, decidí que no voy a usar nunca más las siguientes palabras: Desempleado, Deuda, Sobrepeso, Expensas y Alquiler.
Y así de simple, sin más, me voy a sentar a esperar que mi vida de un vuelco sorpresivo hacía la felicidad absoluta. ¿O todavía no aprendimos nada de los niños chiquitos que tapándose los ojos nos dicen – No toy -? Bueno, ahora, con la eliminación de esta serie de palabras, la mayoría de mis problemas…no tan más!!!


La segunda idea fue algo así como una profunda revelación. Me llegó de repente, y a partir del mismo instante en que se instaló en mi cabeza, comencé a sentirme mejor conmigo mismo.
La cosa es así: En las épocas en las que aún tenía un trabajo, solía dejarme preparada en una banqueta junto a la cama, la ropa que tenía pensado usar al día siguiente (junto con la ropa limpia para guardar, y con la ropa sucia para lavar, y con la ropa que había separado hacía ya tiempo para dar). Una vez que descifraba el complejo acertijo, y conseguía vestirme de forma relativamente razonable, estaba casi listo para salir. Lo único que me faltaba, era chequear las baterías de mi reproductor Mp3, colocarme los auriculares, y entonces si estaba listo para partir rumbo al trabajo. Me recuerdo perfectamente, caminando cada mañana las dos cuadras que me separan de la parada del colectivo, mientras escuchaba música a un volumen algo más alto que lo médicamente recomendado. Esa sensación, que hoy recuerdo con cariño, es la sensación de ser productivo, de estar laboralmente activo. Por alguna razón, desde que no tengo trabajo, dejé de usar el reproductor de Mp3, pero ayer por la noche, casi instintivamente, lo saqué del cajón del escritorio, me puse los auriculares, y salí de mi casa. Una vez en la calle, puse play, y de pronto… ZAZ…la sensación me invadió por completo (como una chica de bikini azul circulando por mis venas). Fue como una especie de flashback. De pronto me sentía nuevamente como en aquellas mañanas de ciudadano productivo!!! Por un momento que no sabía cuanto podría llegar a durar, mi malhumor y mi ansiedad se habían interrumpido. Paso a paso lo fui comprendiendo, cada vez me iba quedando más claro. Había encontrado la llave de la solución. Había entendido un punto fundamental para lograr mi felicidad (y el pobre Marx, había desperdiciado tanta tinta escribiendo sobre el ejército de reserva, la alienación, etc etc).. En ese momento comprendí que la sensación de paz y de completud que busco, no proviene de tener un trabajo que me permita estar en contacto directo con el producto de mi esfuerzo y con mi identidad productiva, sino de usar mi Mp3. Así de simple!!! Por lo tanto, mi solución no está en buscar y encontrar un empleo interesante. No no no. La solución a mi problema está en bajar más música a mi milagroso aparatito chino (o taiwanés)!!!

jueves, 25 de septiembre de 2008

Hoy,...hoy voy a cambiar el mundo!!!

A eso de las 11 de la mañana sonó el despertador - en realidad, una insoportable alarma de mi teléfono celular sin muchas opciones para elegir - así que mi primer abrir de ojos, fue motivado por un insoportable y absolutamente estresante chirrido acompasado, que se supone me tiene que ayudar a empezar mi día, de buen humor y predispuesto al triunfo (Glory, ese es el estúpido nombre del sonido). Dejé pasar uno minutos antes de salir de la cama. En realidad, 60 minutos. Cuando finalmente me desenrosqué de las sábanas, decidí darme un baño para activar un poco mis ideas, para lo cual previamente tuve que abrir la llave de paso del agua caliente, porque resulta que un caño roto en la cocina no me permite tenerla abierta por más de media hora seguida. En un esfuerzo que no cabe en la palabra “optimismo”, elegí ver el vaso medio lleno y lejos de putear por la rotura del caño de agua caliente, agradecí que no se hubieran roto también el de agua fría.
Abrí la canilla de la ducha y me quedé parado unos instantes, intentando recordar las enseñanzas de Jorge Bucay, Spencer Jonson o Paulo Cohelo, y preguntándome si había hecho bien en no leerlas jamás. No lo dudé ni por un instante. Inflé mi pecho lo más que pude, sonreí hasta que casi se me raja la cara al medio, (porque supongo que eso es lo que recomiendan) y me dije a mi mismo en voz alta: - Hoy, será un gran día. Hoy el mundo va a estar de mi lado!!! –. “Más le vale que así sea de una puta vez”, pensaba mientras tanto.
Comencé a enjabonarme y cerré los ojos. Nada sucedió. Volví a intentarlo pero…nuevamente nada. Y entonces comprendí. Me iluminé. Me di cuenta de los grandísimos niveles de estupidez que puede uno alcanzar cuando está sumergido en la desgracia. Me reí a carcajadas de mi mismo. ¿Cómo no lo había visto antes? Con una sonrisa en la boca y negando con la cabeza, arrojé mi jabón al inodoro y comencé a secarme rápidamente para poder salir de casa. Acababa de darme cuenta. La felicidad no viene en un tonto pan de jabón. ¿Cómo iba a esperar que una vez enjabonado, mi baño se llenara de pájaros silvestres, de cascadas de aguas claras y de flores de exóticos colores? ¿Acaso no había aprendido nada en todos estos años? ¿Acaso en vano habían mis padres pagado tantas pero tantas facturas de televisión por cable?
- La felicidad no viene en un pan de jabón – me dije a mi mismo – viene con el gel de ducha Axe!!!- y con esa idea finalmente clara en mi cabeza, partí rumbo al supermercado. En el camino, entré en la primera tienda de ropa que encontré, y me dirigí hacía una de las zonas más llena de clientes. No cabía dentro de mí. Estaba excitadísimo. Finalmente estaba a punto de cambiar mi vida. Acababa de descubrir la forma de abrirle las puertas a la felicidad. Y era tan simple!!! Siempre había estado ahí!!! Tomé la primer prenda que vi, y esperé impaciente. Golpeteaba en el piso con un pie, mientras me mordía el labio inferior entusiasmado por saber tan cercanos, los inicios de mi éxito en la vida. Segundos después, vi a una vendedora joven que venía hacia mí lentamente. Zigzagueaba entre el resto de los clientes pero no dejaba de mirarme amenazadora. Dejé que se acercara hasta estar a unos centímetros de mi y dije, casi gritando de emoción y en un tono in-intencionalmente agudo (me hubiera gustado contenerme, disimular un poco más) – No. No estoy mirando…La voy a llevar!!! - Al mismo tiempo, y con la prenda en alto, miraba al resto de los presentes en el lugar, que a su vez me miraban estupefactos, guiñando indiscriminadamente mi ojo derecho y señalando con leves cabezazos la prenda que acababa de adquirir. Dentro de mi, los sonidos del éxito comenzaban a sonar (creo que era Europe. Si, Europe, The final Countdown…tararaaara tararatataaa…). Minutos después, salía de la tienda de ropa para continuar mi viaje al supermercado. Una vez dentro, llené mi chango de felicidad. Comencé con el gel de ducha ( Axe, claro. ¿Cuál otro sino ese me iba a dar el éxito que busco?). Después, y aunque mi teléfono funciona perfectamente, me compré uno nuevo. Tiene diez mil botones que no sé para que son, pero lo que si sé, es que mi vida ahora se va a llenar de nuevos amigos y amigas (todos esculturalmente lindos), y me éxito laboral va a aumentar exponencialmente, y todo gracias a este exorbitantemente caro aparatito!!! (no como los últimos 4 que compré, que no fueron más que carísimos y estúpidos teléfonos que hoy duermen en algún cajón de mi casa) Un rato después terminaba de decidirme por uno de los dos pegamentos para dentaduras postizas que había estado mirando. La decisión fue fácil, porque aunque me resulta totalmente inútil, uno de ellos, ahí nomás, en su misma envoltura y sin que mediara palabra, me garantizaba que cuando tenga 70 años, mi mujer iba a ser hermosa y además iba a tener un perro re copado!!! Ni lo dudé.
Y así, sin más secretos que una mirada atenta a la publicidad televisiva, pude llenar mi chango y mi vida de felicidad, y hoy, hoy voy a cambiar el mundo!!! Porque para todo lo demás… existe Mastercard!!!

miércoles, 24 de septiembre de 2008

A todos nos pasó alguna vez… (¿O solo a mi?)

Justo al horario convenido atravesás la puerta de entrada. Llegó el famoso primer día. Planchás con las manos la camisa que compraste a costa de sub-alimentar a tu gato(a), y de reojo, das una miradita al nido de carancho que llevás en la cabeza. – Es la onda –. Pensás intentando tranquilizarte.
Con la frente en alto, entrás inflando el pecho – Ojota que llegó el ENCARGADO – Pensás orgulloso de vos mismo…(Si te viera…alguien?!!!). Extrañamente nadie te da ni cinco. Tu saludo se pierde en el aire enrarecido del lujoso restaurante del que vas a hacerte cargo a fuerza de tu entrañable experiencia.
- Ah.. que bueno que llegaste. Hay que subir unos vinos de la bodega y hay que poner repuesto de las toallitas sanitarias. Sabés? En los dos baños. Gracias. - Así, con ese latigazo de lengua te recibe, sonrisa en boca, la veinteañera que a fuerza de una anorexia galopante y unos pechos carísimos parece haberse quedado con el puesto que hasta ayer, se prometía tuyo.
De esta forma empieza tu nuevo primer día. Subís la escalera a razón de una puteada por escalón. Cambiás las toallitas sanitarias con una paciencia que no sabías tuya, y no te sorprende en absoluto, que la llave del dispenser del baño de damas, caiga justo dentro del tacho de residuos. Así que ésa, es la imagen que te devuelve el espejo de tu recién estrenado trabajo: Un tipo con una camisa que no puede pagar, revolviendo con asco el tacho de basura. Después de unos minutos, das con la llave y perdés la autoestima en un mismo acto. Nuevamente abajo, adoptás la posición muñeco de torta (que según te contaron, se exige en el lugar) y así esperás, doctorándote en granadería, la nueva orden de la chica 90-60-90.
- ¿Es el mundo o soy yo? – Pensás inmóvil junto a la modelo, que exige a cada instante, que vos hagas su trabajo, dejando claro que ella no tiene idea de cómo hacerlo. Repasas en tu cabeza los pasos que te trajeron hasta acá, y una nueva pregunta se te aparece claramente - ¿Soy algo más que un engranaje en todo esto? ¿Hay salida, o solo mejores y peores momentos, pero siempre adentro? – Tu jefe, que por cierto ni te registra, parece haber encontrado la salida, pero lamentablemente, cerró la puerta tras de sí. Y así es como te viene la idea, por mera imitación. Sin que medie palabra, tomás tu camperita, tu bolsito y un poco de la autoestima que había quedado en el suelo, y en un silencio que te ahorra mil insultos, salís de ahí, cerrando la puerta detrás tuyo, y con una última pregunta en la cabeza. - ¿Existirá la puerta correcta?...

Así empecé...

Son entre las tres y las cuatro de la mañana. Suena “The Offspring” o algo que se le parece. De todos modos, en días como hoy, casi todo se parece a casi todo. Hoy es uno de esos días en los que estoy en estado de - Me da lo mismo - frente a todo. Es de esos días en los que todo, absolutamente todo me da lo mismo, pero de verdad. Y es justo en ese momento, justo cuando creo que el tupper donde vivo se está quedando sin aire, cuando me parece que a mi proveedor de cable (quien gentilmente me obsequia mensualmente su programación) le faltan por lo menos unos doscientos canales, cuando el porno de la red también empieza a ser todo lo mismo, cuando mi heladera ya no tiene ningún secreto que revelar, cuando ni mi gato me da bola (talvez porque le molesta que le diga gato cuando en realidad es una gata, y tiene nombre de gata y todo, pero en realidad es un gato hembra, así que que no joda), justo en ese momento en que me pregunto si seré el único aparato malhumorado, y al mismo tiempo no puedo entender como es que a nadie se le ocurrió inventar un lugar en donde todos nosotros, los aparatos malhumorados que no sabemos a donde ir en las noches como ésta, nos podamos juntar a no mirarnos, a no hablarnos, pero juntarnos al fin. Justo en ese momento en el que me empiezo a preguntar si es posible no estar así…dándome lo mismo todo el tiempo, se me ocurre la idea más revolucionaria de las últimas 100 noches (exceptuando el día en que rompí mi record creativo con la ocurrencia de mandarme un SMS a mi mismo) . Entonces, me arranco del sillón y me voy hasta la compu con el corazón latiendo a mil y el cerebro en plena explosión sináptica por la idea brillante que acabo de tener. Toco diez teclas a la vez a ver si así la compu prende antes, y en cuestión de segundos estoy navegando por la red rumbo al puerto de mi gloria intelectual. Los dedos me tiemblan de emoción. - Genio!!! Genio!!! - Escucho que grita mi alter-ego emocionado por el logro de esta noche. Entonces tipéo el primero de los nombres que se me ocurrió -en realidad el único - y una profunda decepción me invade de repente - BLOGUDECES ya está registrado??? No te puedo creer. Que reverenda mala leche!!!! - Y así, gota a gota, voy exprimiendo mis neuronas tratando de salirme con un nombre nuevo para mi Blog (aunque no sé bien que es eso del blog ni para que sirve…solo sé que es fun-da-men-tal). Entre puteada y puteada, se me ocurre que en realidad lo único que se me había ocurrido esta noche (además de esta última ocurrencia) era el nombre para mi Blog. Pero resultó que uno de los cinco mil navegantes que no están dedicados a bajar porno (porque la verdad que es todo lo mismo) se vino con la misma idea que yo, solo que un par de años antes. Y así, aunque claro que no es la única forma, llego a darme cuenta de que en realidad, lo que estoy buscando, lo que de verdad quiero, es tirar un cable, una soga, buscar una puerta que no sea la de siempre. Y así de brillante (brillo tipo bajo consumo) fue mi idea, la idea de titular mi blog UN CABLE A NO SE DONDE. Porque de verdad no lo sé. Solo sé que tiré el cable y que talvez vos puedas estar en “NO SE DONDE”.

The Criollen version of the same story:

Estaba tan pero tan embolado, y tan caliente por no tener un mango partido al medio (y por no tener trabajo que me de un mango para partirlo al medio, y usar la mitad en un día como hoy) que me había pasado la primera mitad de la noche puteando. Cómo no sabía que hacer de mi vida y estaba en pleno ataque de “medalomismitis”, me acerqué a la compu y pensé – ¿y si escribo un blog? - y después pensé - ¿Para que mierda quiero un blog? – Así que lo escribí. O empecé a escribirlo. Y como los otros nombres estaban ocupados, probé y probé hasta que se me ocurrió este. Y nada más.