domingo, 16 de noviembre de 2008

Tanto en la salud como en la enfermedad…

Solo seis días. Solo 144 horas. Solo 8640 minutos. Solo eso es lo que falta para estar felizmente casado con Lu. Seis días, y la ropa apropiada, porque las ganas y la novia las tengo, el anillo también, pero la ropa no.
Desde el día en que tomé la decisión de casarme, estuve seguro de que me iba a casar con ropa que me haga sentir que sigo siendo yo el que me caso, y no una versión de traje y más políticamente correcta de mí mismo. O sea, EL traje y LA corbata, seguirán en el placard hasta el próximo casamiento de alguno de mis amigos. Por lo pronto al mío, voy a ir en pantalón, camisa y zapatillas (amarillas por cierto). Problema simple, solución simple. Solo tengo que comprar la camisa mangas cortas. Y el pantalón. Y capaz que también las zapatillas, porque las que tengo están un poco sucias y parece que la suciedad no está del todo dispuesta a abandonarlas. Así fue que empezó entonces mi día de ayer. Ni muy temprano ni muy tarde, nos subimos (Lu y yo) a la moto y nos fuimos tras la sencilla tarea de conseguir, un pantalón, una camisa de mangas cortas, y talvez unas zapatillas.
Dije sencilla? JA!!! ILUSO!!!! Al parecer esta época del año es algo así como un “ni fu ni fa” del mundo de la moda. Pues los encargados de marketing de los comercios de indumentaria insisten temporada tras temporada en llamar a esta época del año, la temporada de “BIG SALES” y en llenar todas las vidrieras con carteles que rezan “SALE 50% OFF” y demás frases en inglés, que suponen atraernos a todos como insectos a la luz, agolpándonos en las vidrieras intentando conseguir algo que no necesitamos, pero por mucha menos plata de la que hubiéramos pagado, unos meses atrás, cuando si lo necesitabamos. Pero lo cierto es que esto de los “SALES” es simplemente una cuestión de espacios disponibles. Pues está claro que (en lo referente a indumentaria) ya no es temporada de primavera, y que la ropa de verano verano verano, aún no ha llegado a los comercios. El problema entonces, radica en que no hay espacio suficiente en casi ninguna vidriera de ninguna casa de ropa como para poner un letrero que diga algo así como “estamos en plena temporada de sacarnos de encima todas las camisas de mangas largas que nos quedaron sin vender y de ponerlas en vidriera a precios que parecen ser convenientes, pero que en realidad siguen siendo ridículamente caros…”, de ahí que la gente de marketing, haya decidido evitar tal “sincericidio” comercial y haya optado por los carteles que dicen simplemente “Sale 50% off”. En ese contexto, fue que pasé mi día yendo y viniendo en la moto, tratando de conseguir una camisa apropiada para un jueves que, hasta ahora, se anuncia en los pronósticos como EL jueves de 32 grados a la sombra. Tanto ir y venir intentando conseguir la bendita camisa manga corta, terminó con mi humor rayando la ira total, y con mi decisión de que "todos se metan las camisas esas en el culo, y yo me caso con la que tengo… que tanta vuelta carajo!!!”. Lamentablemente, para cuando tomé la decisión de no perder más tiempo tras la camisa (que para entonces era claramente un misterio de tipo arqueológico absolutamente inhallable), ya habían pasado como cuatro horas desde que había salido de casa, y a esas alturas, a Lu ya le daba lo mismo si me casaba en camisa, musculosa, o en malla y en chancletas, lo único que queríamos después de hervir nuestros cerebros al sol dentro de los cascos, durante cuatro horas, era volver a la tranquilidad de nuestra casa. Claro que como era de esperar, volver a casa tampoco fue una tarea fácil. Cómo casi todos los viernes, no había en la ciudad una sola calle libre de tránsito, por lo que circular con la moto entre tantos autos conducidos por especimenes diversos que, al igual que yo, estaban desesperados por volver a sus casas, no era misión para principiantes del volante (o del manubrio). Solo para resumir digamos que durante el viaje de vuelta, (después de que hicieran sonar sus bocinas innecesariamente y exigiéndome que les diera paso cuando no había lugar ni para un alfiler) intercambié amables invitaciones a mantener sexo oral prolongado y casual con los conductores de por lo menos, tres autos diferentes, y envié calidos y afectuosos saludos a la madre de otros dos, al tiempo que recibí algún que otro mensaje para mi ya difunta abuela y afirmaciones varias acerca del tamaño de mis testículos. Así es manejar en buenos aires, todo un abanico de puteadas y gestos nuevos son incorporados a nuestros cerebros a medida que vamos conduciendo nuestros vehículos por los cien barrios porteños, porque reconozcámoslo, cuando das el examen de manejo para obtener el registro, nadie te enseña (a pesar de ser absolutamente necesario) a putear por el espejo retrovisor, gesticular con la mano derecha, y continuar manejando con la izquierda. Sin embargo, nos exigen hacer un "8" marcha atrás por una rotonda, como si fuera algo que los conductores hacen cotidianamente. Lo cierto es que entre tanto intento por evitar las larguísimas colas de autos en cada semáforo de la ciudad, alguna que otra vez, rocé suavemente (y no tan suavemente otras) las rodillas de Lu contra algún que otro vehículo estacionado, razón por la cual recibí también de parte de mi futura esposa algún que otro vocablo hiriente, y exagerados comentarios sobre su integridad física, seguidos de recordatorios del tipo de “¿Vos entendiste esa parte de que me vas a cuidar tanto en la salud como en la enfermedad no?…

domingo, 9 de noviembre de 2008

El Bobero se quedó sin laburo!!!!

No creo que haya en el mundo aparatito que haya avanzado más velozmente que los teléfonos celulares. Aún recuerdo cuando me sentía a la vanguardia de la tecnología porque tenía un teléfono celular con cuatro, si leíste bien, CUATRO líneas de texto. La de arriba de todo, la ocupaba el indicador de batería y de señal. La de debajo de todo, la ocupaban las opciones “menú” y “agenda”. Resultado: quedaban DOS líneas de texto disponibles. A partir de entonces, la explosión de información. No solo el número de quien llamaba aparecía en la pantalla. Ahora también aparecía un dibujito de un telefonito que “se movía” (Para que los idiotas que recién nos acercábamos a las últimas novedades tecnológicas, entendiéramos el concepto “tu teléfono está sonando justo AHORA…”). También recuerdo que todos los teléfonos, incluían la opción Mensaje de texto”, y que todos sabíamos que se rumoreaba que en los países tecnológicamente más avanzados eran un hecho. Era una opción que concretamente se podía utilizar. Por entonces, en nuestro país solo era una opción en los celulares más avanzados, pero totalmente carente de utilidad. En aquellos días, incluso las mentes más brillantes del CONICET abocaban sus esfuerzos más profundos a desentrañar el famoso misterio de “las letritas en los botoncitos del teléfono”. Solo unos seis o siete años más tarde, henos aquí, comunicándonos como primates inferiores a través de frases como “KC. PQ no me llamasT.?”, y haciendo abuso de la excusa de no haber recibido el mensaje en cuestión, para evitar todo un abanico de compromisos para nada convenientes.
Pero los avances por supuesto no terminan ahí. De hecho, y aunque todavía no accedí al contacto directo, a la comprobación empírica, he conseguido darme cuenta de que Lu tiene un teléfono con uno de los últimos avances que la tecnología puso al alcance de la mano de nosotros los “usuarios de telefonía celular”. Me refiero al novedoso DABRDEN 2.0 o mejor conocido como “detector de adornitos y boludeces que fueron regalos de despreciables ex novias de tu futuro marido”. Cuando en el transcurso de un mes Lu rompió tres platos, dos copas de cristal, un porta sahumerios y dos floreros, todos regalos de una ex novia, pensé que era pura casualidad. Pero ayer, parece que el DABRDEN le indicó, con alguna lucecita láser, o por medio de algún tipo de sonidito que yo no alcancé a distinguir, la ubicación de su nuevo y creo que ya último enemigo. Pues justo cuando le pedí que me alcanzara un diente de ajo, se las ingenió por estrellar contra el piso de la cocina, y haciendo que luzca como un accidente, una docena de recipientes de vidrio para condimentos, de esos que vienen con un pié metálico que hace muy pero muy difícil que se caigan. Pero ni lo difícil, ni lo muy difícil resulta imposible para Lu y su novedoso aparatito. Así es que a partir de ayer, la comida casera va a tener siempre el mismo gusto en nuestra casa. Comino, caldo desgrasado y pimentón.
Ahora bien. El DABRDEN 2.0 probó sin lugar a dudas, al menos en el caso de Lu, tener excelentes resultados. El paso que sigue, entonces es obvio. Lo próximo en materia de novedades es el DPP 2.0, o el mejor conocido como “detector de pelotudos públicos”. Cabe destacar que la utilidad e importancia del DPP 2.0, radica en que los pelotudos privados, son problemas de cada uno (cada quien elije el/la pelotudo/a que mejor le quede). De hecho hasta considero notablemente conveniente la existencia del sistema de reparto de pelotudos privados, entre otras razones porque me parece totalmente positivo que este sistema tenga la movilidad que tiene. Por ejemplo, yo puedo elegir al pelotudo que quiera para ser parte de mi vida privada, al mismo tiempo que ser el pelotudo número uno en la vida de alguien mas, y convengamos que no muchos sistemas aportan tal libertad de movimientos a sus partícipes. Pero con los pelotudos públicos, es absolutamente diferente. Los pelotudos públicos, ya pasan a ser un problema de todos, sin excepción alguna, de modo tal que el DPP 2.0 ser perfila ya, como el invento del siglo XXI que le dará el próximo Premio Nóbel a su inventor. El único problema que al parecer existe con los primeros celulares que han incorporado el DPP 2.0 entre sus funciones básicas, está relacionado con la regulación del voltaje de dicho aparatito detector. Pues según sabemos, uno de los más altos dirigentes de la compañía desarrolladora del “cosito” en cuestión, sufrió quemaduras leves en su muslo derecho, cuando su teléfono celular, después de hacer sonar repetidamente la alarma del DPP, explotó violentamente en su bolsillo, al pasar junto al encargado de hacer y colocar los carteles que indican el nombre y la altura de la Avenida Leandro N. Alem. Al ser consultado al respecto, el muchacho declaró ser el pelotudo que hizo y colocó los carteles de manera tal que, en una esquina, los mismos indican que la numeración de dicha avenida sube en dirección Norte-Sur, y en la esquina siguiente, indican justo lo contrario, causando desastres que oscilaron entre casos pelotudamente drásticos, como el de los 3 muchachos norteamericanos que pasaron 17 horas caminando de una esquina a la otra, mientras repitiendo frases como “no no… wrong way Johny, wrong way…” intentaban salir de la encrucijada digna del “sudoku” que planteaban los carteles en dicha calle, hasta el caso del pelotudo que recorrió en su moto como cinco cuadras en el sentido incorrecto hasta que, resolvió el acertijo gritando desde dentro de su casco “Lu… ¿te fijas si vamos bien?, porque creo que el pelotudo que puso el cartel de la esquina lo puso al revés…”.

martes, 4 de noviembre de 2008

¿Yo malhumorado?... ¿Pero quién fue el hijo de p…

El desempleo trae aparejadas serias y numerosas consecuencias (Ja!! Sí, ya sé. Chocolate por la noticia). Pero yo no me refiero a las bajas en el consumo de artículos de lujo, ni al descenso de las ventas en las cadenas de hipermercados, ni a las estadísticas en las primeras planas de los diarios. Hablo de consecuencias en un nivel más micro, más de entre-casa. Algo así como consecuencias pero en chancletas y musculosa. Yo mismo, puedo con absoluta certeza, distinguir por lo menos tres de esos conjuntos de micro consecuencias.
La primera de estas consecuencias, y sin lugar a dudas la más notoria para cualquiera que observe con atención a un homodesempleens como yo, es seguramente la relacionada con los cambios repentinos de humor. Pues las primeras dos semanas de atravesar la “carencia de trabajo y de medios materiales de subsistencia” (o sea, las primeras semanas después de que te rajan de un laburo) se caracterizan por una sensación de “Bueno.. la verdad que mejor… porque ya no aguantaba más.. y si no me rajaban.. no me iba a ir nunca”, y el humor se mantiene en alza, mientras uno imagina que “de acá, no hay más opción que ir para arriba…”. Pero con el pasar de los días y las semanas, la cosa cambia drásticamente cuando seguís “acá”, ni más arriba ni más abajo, y la tele solo habla de “crisis crisis criris”. Es entonces, cuando los cambios en nuestro humor, se tornan insoportables para nosotros, y sobre todo para nuestro entorno. Supongo que es por eso, que desde hace un par de semanas, Lu evita hábilmente, cualquier tipo de comentario que pueda llevarnos a un enfrentamiento inútil y seguramente excesivamente prolongado. Por ejemplo ya logramos establecer, de común acuerdo, que yo no quemo la comida cuando soy el encargado de cocinar. No señor. A lo sumo, puede ser que las tostadas estén algo más doradas que lo aconsejado por la organización mundial de la salud, las milanesas un tanto crocantes y sobrecocinadas, y el agua para el mate, un tanto por encima de la temperatura recomendada y algo burbujeante, pero nunca quemadas, pasadas o hervidas, pues frases como “¿Que es ese olor mi amor?…se te quemaron un poquito las milanesas ¿no?” pueden devenir en interminables e inútiles discusiones que terminan incluyendo a metrogas, a tu vieja, y al pelotudo del dueño del departamento que sabía que el horno calentaba desparejo y jamás nos avisó. Por eso, mejor raspar las tostadas, un chorrito de soda en el termo y todos contentos.
Por otro lado, creo que mi gata también sufre las consecuencias de mi desempleo (y de los cambios de humor que tal situación trae aparejados). No precisamente porque le falte comida ni visitas al veterinario (pues de eso, se encarga Lu, la asalariada). Más bien tiene que ver con las relaciones de convivencia. Pues desde hace unas horas, hemos roto relaciones diplomáticas debido a su falta de respuesta frente a mis insistentes y reiterados llamados. Aunque talvez debería reconocer que Ramona puede tener problemas para reconocer que nombres como Putuna, Bola de pelos, Piojosa, Gordita chota, Chanchi, Purapanza, Monita, Monona, Hijilamilputa y Mi hermosura total, también hacen referencia a ella, pero por ahora elijo quedarme con mi idea de que la gata no me responde, solo porque se está haciendo la interesante.
Otro gran grupo de consecuencias del desempleo, es el que tiene que ver con los ya conocidos, ajustes de cinturón presupuestarios. Pues, frente a la falta de dinero, me he visto en la situación de hacer algunos “recortes” en mis gastos personales. De más está decir que hice todo lo posible por conservar las cuestiones fundamentales como el Cable, el servicio de Banda Ancha, y los bolugastos superfluos. Todos los recortes (sorprendentemente López Murphianos) que puse en práctica, apuntaron a gastos absolutamente prescindibles, como por ejemplo, la prepaga médica. Pues creo que todo ser humano centrado en sus necesidades básicas coincide conmigo en que, dolorido sí, pero sin Internet, jamás!!!. Es simple. Por ejemplo, no más nutricionista. De hecho ¿Para que quiero ir al nutricionista? Sobre todo cuando alternativas mucho más económicas están al alcance de mis manos y de todos los homodesempleens, solo hace falta una buena disposición y las ganas de ver en cada crisis, una oportunidad. Por ejemplo yo, la última semana, me he dedicado a seguir por el supermercado a cuanto sujeto de aspecto sano y saludable pude encontrar, y sin que ellos lo notaran, fui poniendo en mi chango, lo mismo que ellos ponían en el suyo. Pues siguiendo esta sencilla regla, si ellos se ven fuertes y saludables, será tan simple como limitarse a comer y beber, lo que ellos comen y beben, y listo el pollo.
Por último, el otro grupo de consecuencias que conseguí distinguir, es el denominado consecuencias del brazo torcido”. Pues en épocas de vacas gordas, uno se la pasa diciendo que en determinadas cuestiones, “no va a dar el brazo a torcer”. Pues eso cambia. Después de la semana 12 de puro desempleo, aquellas ideas impensadas hasta entonces, empiezan a torcernos el brazo y a ganar nuestras conciencias. De modo tal que uno termina aceptando la propuesta desquiciada de algún tío descerebrado, y pide como regalo de bodas, que cada invitado saque un sobre de una caja dispuesta con tal fin, y entonces “lo que te toca te toca”. Por ejemplo, al tío Carlos le tocó la factura de luz, a la tía Cristina, las expensas, al primo Nacho la factura de cable,etc etc. Y así, con la alegría de un sorteo sorpresa, y entre “chin-chines, saludes, y ¿vo yabé como te quiero shoo?” la boda finaliza con todos los gastos del mes cubiertos por la familia y los amigos.
Salud!!!

miércoles, 29 de octubre de 2008

Que mundo generoso!!!

Increíble. “Anbilibulum” diría un amigo al que la palabra “unbelievable” le resulta totalmente impronun… impronuc… impronus… bueno ya, un amigo que no la puede pronunciar. Hoy estaba tan pero tan aburrido intentando curar mi desempleo crónico, que me puse un rato a leer el diario en Internet. De más está decir que por mucho que busqué una solución práctica a mi “problemita laboral” (es mucho menos deprimente de ese modo. Suena mucho mejor que “desempleo”, es como la sutil diferencia entre “Persona de baja talla” y “Enano”) por el momento, no encontré ninguna. Es más, en mi búsqueda, me encontré con lo último, con lo TOP, con lo más alto y novedoso en tecnología de reclutamiento laboral, aplicado por los cerebros más astutos de los “caza-talentos” mundiales, actualmente al servicio del empleo joven por excelencia desde que McDonalds y el payaso salido de una película de terror que lo promociona, dejaron de ocupar ese trono. Pues ni más ni menos que los famosos “Call Center”. Aparentemente, después de años de arduos estudios acerca del comportamiento humano en condiciones de “Argentinidad”, (es decir, con la necesidad de un trabajo de no muchas horas diarias, que si bien no alcanza para auto-gestionar la propia existencia, alcanza, si y solo si es complementado con una serie de artilugios pseudo comerciales llamados “changas”, para bancar la posibilidad de, por ejemplo, estudiar) dieron con resultados que les permitieron poner en práctica la que ellos mismos dieron en llamar, una “brillante solución”, (o como es conocida puertas adentro, "con ésta los cagamos a todos") para atraer cada vez más y más lectores a sus anuncios clasificados. Por simple que parezca, conllevó años de insomnes jornadas de esfuerzo intelectual. La solución se basó en una conclusión que arrojaron los estudios realizados a partir de los relatos de gente que como yo, buscando trabajo con la brújula incorrecta, llegamos a manifestar alguna vez, que nos gustaría hacer “no sé bien qué, … pero algo que sea creativo, viste?…” y ahí nomás la oreja incorrecta escuchó la frase correcta. A partir de entonces, una estructura malvada parece haberse apoderado de las búsquedas laborales online. Pues las empresas de anuncios clasificados laborales a través de Internet, suelen ofrecer la posibilidad de incluir palabras clave en la búsqueda. Es decir, si mi búsqueda está orientada a empleos relacionados con, digamos la aeronáutica, pongo esa palabra en el espacio correspondiente, y todos los avisos relacionados, deberían aparecen en pantalla. ¿En que consiste entonces la “Brillante solución”? Ni más ni menos que en incluir la palabra “Creativo” o “Creatividad” en cuanto aviso para un trabajo pedorro esclavizante y enajenante se les pueda ocurrir. De esa forma, cuando un cyber-perejil como yo, cree estar a punto de realizar una búsqueda congruente con sus intereses más profundos, decide incluir la palabra “creatividad” en la búsqueda, y avisos como este aparecen en pantalla…

"…Persona, creativa, altamente combativa, con marcado perfil comercial, y capacidad para trabajar proactivamente en equipo, orientada hacia el cumplimiento de múltiples objetivos…"

Lo que claramente y sin lugar a dudas, termina traduciéndose en algo como lo siguiente:

persona que, hastiada de buscar un trabajo con un poco de onda, canalice su frustración y odio contra este mundo de mierda, para vender agresivamente lo que sea que nosotros vendemos junto con muchos compañeros en idéntica situación, y más vale que vendan porque sino vuelan…”

En fin. La cuestión es que después de encontrarme muchas veces con avisos como este, decidí que era mejor ponerme a leer el diario por lo menos por un rato. Lo que sucedió es que me encontré con una noticia que decía que “John no se cuanto” (yo no se cuanto) decía que la crisis financiera actual era producto de un pésimo desempeño del sector financiero, y que aconsejaba a los gobiernos centrales, adoptar fuertes políticas regulatorias y bla bla bla. La cuestión es que este “Yo no se cuanto” fue uno de estos tipitos de traje y de mil diplomas que presionó e hizo lobby en cuanto país desprevenido pudo ubicar en el mapa, en favor de las políticas económicas que hoy desembocaron en la crisis financiera mundial que estamos presenciando. Lo increíble es que este generosísimo mundo le permita a este "yo no se cuanto" aparecer en los diarios reclamando enérgicamente y con cara de piedra que “alguien” (o sea, alguien que no sea él mismo) tome medidas y solucione los problemas que “él mismo” ayudo fervientemente a crear, profundizar, y ahora, en ultima instancia, a transferir(nos). Lamentablemente, la vida no funciona así para todos. Si fuera así, yo estaría en este mismo momento, reclamando a viva voz, que “alguien” (o sea, no yo) se haga cargo de explicarle a mí doctor, porqué cuando en mi hoja de dieta decía galleta de arroz, yo entendía paquete de alfajores jorgito y tostadas con manteca y dulce.

viernes, 24 de octubre de 2008

Pará pará pará… ¿Quién se comió mi queso?

Desde hace ya unas horas, está confirmado. Tengo en mis manos el papel que dice que en aproximadamente un mes, voy a pertenecer al grupo de hombres que, voluntariamente, hemos elegido dormir de por vida con una porción de frazada notoriamente inferior a la que, simplemente dividiendo la misma por 2, deberíamos poder acceder. Pues por propia decisión, voy a pertenecer al grupo de hombres que elegimos despertar por el resto de nuestras vidas, junto a una mujer que cree ser un canelón, o algún tipo de comida al spiedo, y que duerme dando vueltas en forma sutil, hasta dejarnos completamente destapados. Cuando digo “por el resto de nuestras vidas”, lo digo porque hoy me desperté temprano, manejé en estado de semiconciencia unos diez minutos, saqué el número correspondiente en el mostrador de informes, esperé, esperé, esperé, y finalmente, me dieron un montón de papeles para completar, y más y nuevos trámites para hacer, y cosas que pagar, para que así, dentro de cuatro semanas, Lu y yo podamos empezar a estar felizmente casados.
Está claro que esta decisión, la de casarnos, no fue tomada en el estado de semiconciencia que hoy por la mañana acompañó mi viaje al registro civil (y que a decir verdad, caracteriza todas mis mañanas). Fue una muy pensada decisión que nos tomó aproximadamente unos once meses de arduas negociaciones. Pues debo admitir que durante algún tiempo dudé de los fines perseguidos por Lu, y me dediqué a cerciorarme de que su intención última, detrás de la idea de casarnos, no fuera quedarse con la mitad de mi estropeada bicicleta playera, y acceder a la mitad de mi fortuna. Una vez que estuve seguro de que a Lu no le interesaba en absoluto mi bici (que por cierto es una fiel aunque desinflada amiga a la que Lu a querido desalojar de la habitación repetidas veces con el pretexto inverosímil de que “raya las paredes y ocupa un lugar que podrías usar para poner tu ropa en lugar de dejarla sobre la cama y además molesta para limpiar…”) y solo cuando me hube asegurado sin lugar a dudas de que Lu desconocía la existencia de los tres billetes de un dólar que guardo celosamente en una caja fuerte dentro del placard, decidimos que EL momento, NUESTRO momento, había llegado. Así empezaron entonces los preparativos, que no fueron ni pocos ni fáciles, y entre ellos, llego también…LA DIETA. Cabe aclarar, que en momentos como este, no todo se resume a encontrar buenos motivos para excluir malos parientes de las listas de invitados, pues entre otras cosas hay también que asegurarse de caber dentro de la ropa elegida para uno de los días más importantes de nuestras vidas. Por ese motivo, fue que decidimos entonces visitar a un médico nutricionista. Después de los trámites correspondientes para obtener el turno, nos presentamos en su consultorio el día acordado a la hora acordada. Detrás de un escritorio bastante modesto estaba él. Un tipo de no más de 40 años, flaaaaaco flaco flaco, y considerablemente alto. Pues nada sorprendente, de hecho, es para eso que estudian años y años en la universidad. Para ser flacos. Para ser flacos y para mirarnos a nosotros, desde el otro lado de sus escritorios, con las manos entrecruzando los dedos y con una sonrisa de “Ja..lo sé lo sé mi querido paciente, soy todo lo que tu deseas ser… lo sé..” al tiempo que sutilmente, casi en forma imperceptible nos señalan con los ojos sus diplomas colgando en las paredes del consultorio, en los que en el lugar de sus promedios de calificaciones, figuran las medidas de sus escuetas cinturas.
Unos minutos después de entrar al consultorio, noté que el doctor, estaba dirigiéndose a mí. No puedo asegurar cuanto hacía que estaba hablándome. Solo sé que estaba explicándome la dieta que él me proponía para los próximos treinta días. Por alguna razón, mi cerebro comenzó a registrar dicha información en el mismo momento en que el doctor iba terminando su explicación. Pues creo haber pasado los cinco minutos anteriores, imaginando formas creativas y novedosas de asesinarlo, al tiempo que asentía con mi mejor cara de “sí doctor” en cada unas de las pausas que hacía en su discurso. Unos minutos después, abandonaba el consultorio despidiéndome amablemente y con la sonrisa típica de quienes tenemos altos los triglicéridos y bajo el colesterol bueno, al tiempo que pensaba “¿Cuán complicado puede ser sostener la dieta por un mes…?
La respuesta la hallaría minutos más tarde junto al día UNO de mi régimen. La dieta del doctor “Fido Dido” era simple. Constaba de siete días perfectamente organizados, cada uno de ellos con su correspondiente desayuno, almuerzo, merienda, colación y cena. Hasta ahí, todo iba muy bien, pero tan solo segundos después, encontré la siguiente línea impresa en mi hoja de dieta:

Almuerzo día 1: Caldo light + trozo de queso descremado (tamaño cassette) + 1 Fruta

Leí y releí la línea en cuestión tantas veces como me fue posible. Acerqué y alejé la hoja. La incliné y la volví a enderezar, la di vuelta, la sacudí, miré a mi alrededor buscando la cámara oculta, volví a leer y releer pero nada cambiaba. El almuerzo del día uno, seguía ahí, riéndose de mí en mi propia cara. De más está decir cual fue el ánimo con el que leí el resto de la propuesta del doctor. Pues solo para que nos entendamos, mi gata, con su boca en miniatura, con sus entre diez y doce centímetros de extensión total, y con su juego de dientes casi a estrenar, se come sin ningún problema una rodaja de queso tamaño cassette. Yo, después de un caldito Light, me puedo comer todo Musimundo, y después, eso si, la frutita.
Unos minutos después, mientras intentaba prepararme mentalmente, pude por primera vez, verla delante de mí. Ahí estaba, gigante, inmóvil, imponente y desafiante, la famosa pirámide alimentaria. La miré fijamente durante unos cuantos segundos, me mentalicé profundamente. Repetí infinitas veces frases como “Yo puedo”, e intenté visualizarme a mi mismo rodeado de jugosas frutas y rebanadas de queso del tamaño de un cassette, pero era inútil, era un cambio rotundo en mi alimentación y no estaba seguro de poder llevarlo adelante. De pronto, en medio de tanto esfuerzo esteril, las enseñanzas de Miyagi aparecieron en mi cabeza. “¿Porque irse a los extremos? ¿Es necesario que todo sea tan blanco o tan negro?” Y de pronto comprendí. La dieta era posible. Yo solo tenía que encontrar un punto medio, un equilibrio, un punto de balance sobre el cual apoyar mi vida y mi dieta. Y lo encontré. Miyagi da resultados, y los “Fido Dido” siempre dejan lugares abiertos a la interpretación, así que yo interpreté. El día uno de la dieta no fue tan terrible. Un caldo Light, una porción de queso descremado tamaño cassette (VHS) y una fruta. Y así fue que siguiendo las enseñanzas de Miyagi, panza llena y corazón contento. Después de todo, ¿Qué hay de malo en casarse con uno o dos kilos de más? Al fin y al cabo, Lu y yo... vamos a estar dos kilos más casados.

sábado, 18 de octubre de 2008

No flaco… no es una cuestión Personal ¿O si?

Justo cuando pienso que puedo afirmar algo sin ningún temor a equivocarme, justo cuando estoy a punto de afirmar que he terminado de comprender algo, la filosofía vuelve a pasarme por encima con toda la fuerza del “solo sé que no sé nada”.
Hasta hace no más de dos semanas, hubiera dicho que no había ni nada ni nadie en este planeta, más pelotudo que la maquinita telefónica de la línea 110 de Telecom, y no solo lo hubiera dicho, sino que hubiera empezado diciendo “cómo que me llamo Damián, que no hay…”. Bueno, me equivoqué.
Ocurre que hace algunas semanas, se llevó a cabo en nuestro país, una de las competencias más intelectualmente intensas y excitantes de las que haya tenido noticia últimamente. En un enfrentamiento feroz, en el que ninguno de los finalistas estuvo dispuesto a ceder ni la más mínima de las ventajas, tuvo lugar (en una locación cuya ubicación no me está permitido revelar), el undécimo Torneo Mundial de TA-TE-Ti.
Luego de largas horas de ajustadísimos partidos que finalizaban inevitablemente en tablas, y en presencia de un numeroso público enardecido de emoción, el cansancio hizo lo suyo, el agotamiento mental dijo “presente” y finalmente la tabla de posiciones fue definitiva. Dejando detrás de sí un esfuerzo sin precedentes, “Federico C.” era derrotado en la partida final, por una Licuadora Electrónica (japonesa) de última generación, obteniendo así un meritorio y merecido segundo puesto, quedando justo por delante de un Pelapapas Eléctrico (Made in Taiwán) que cerca estuvo también de la codiciada medalla plateada, pero debió finalmente conformarse con el bronce.
¿Qué tiene todo esto que ver con nada? Pues la medalla del orgullo, la medalla plateada que a fuerza de años de preparación “Federico C.” había sabido obtener, no vendría sola.
La cuestión es que después de tres días de haber dado de baja la línea de mi anterior teléfono celular, decidí que era hora de cosechar los frutos de mi acción. Estimé que tres días de ausencia de mi parte, habrían sido suficiente castigo para las compañías de telefonía celular, quienes estaba seguro, habían para entonces notado la baja de sus recaudaciones mensuales en $35, debido a la cancelación de MI plan, y como consecuencia de ello, habrían para entonces, tomado medidas para evitar la posible fuga masiva de inversores y accionistas que dicha baja en la facturación podría ocasionar. Así fue, que orgulloso de mi contribución revolucionaria al mundo moderno, me dirigí a lo que para entonces imaginaba que serían las oficinas semi en ruinas y en plena crisis, de Telecom Personal. Una vez allí, empujé la puerta y atravesé la entrada con mi mejor sonrisa de triunfo vengador y mi mejor cara de “si si… soy yo… ese mismo, el que puso a esta mega-empresa en Jaque”. Mientras recorría con la mirada las oficinas de la empresa, lo noté con claridad. Podía notarlo en la cara de cada uno de los empleados que veía. Tanto mi presencia en el lugar, como mi anterior accionar revolucionario, les había importado francamente tres pepinos.
Después de esperar una media hora en el lugar, uno de los representantes de ventas de la empresa se me acercó y comenzó a atenderme amablemente. Le expliqué lo que quería, y a todo todo todo lo que le dije, me respondió con un “si claro, sin ningún problema”. La cosa iba viento en popa. Solo tenía que irme a casa y esperar a que la línea estuviera habilitada. En otras palabras, a lo sumo debería dejar que pasaran 24 horas, y mi nuevo teléfono estaría funcionando a la perfección.
Las 24 horas se transformaron en 48, y las 48 en 72, y las 72 en el límite de mi paciencia. Después de muchos intentos, logre comunicarme a través de un 0800 con Telecom Personal. Allí, además de corroborar que gracias a que quien me había vendido la línea, había tomado mal mi número de DNI, y que por lo tanto yo “no existía”, me explicaron que en realidad lo único que podía hacer para activar mi línea y poder comenzar a utilizarla, era llamar repetidas veces, durante todo el día, al *150 y al *151, hasta que la suerte estuviera de mi lado (JA!! De mi lado), y alguna antena registrara mi solicitud. En ese momento me di cuenta de que, cuando la antena lo decidiera, yo iba finalmente a “pertenecer”, al menos como cliente, a una compañía edificada sobre altísimos estándares de servicio al cliente, y sofisticados y modernos sistemas digitales que nos facilitan a nosotros, los usuarios, la vida en general. No podía en ese momento evitar reírme, por ejemplo, de las empresas, las estúpidas empresas de emergencias médicas. JA!!! Que idiotas. “Invierten” en atención telefónica para sus asociados cuando si tan solo siguieran el ejemplo de Telecom Personal, podrían pedirles a sus socios que simplemente, ante una emergencia médica cualquiera, saquen sus cabezas por la ventana, o salgan al balcón de sus hogares, al grito de “AUXILIOOOO”, seguido claro, del número de socio correspondiente.
En fin, luego de mil doscientas quince llamadas a ambos asteriscos, de tres horas de ir y venir de una a otra oficina comercial de Personal, y de recorrer mentalmente, y en dos idiomas, toda la lista de insultos y agravios que conozco, volví al lugar donde había comprado el servicio. Allí estaba él. El joven que me había atendido inicialmente unos días atrás (unos CINCO días atrás!!!).
-Hola flaco. ¿Te acordás de mi?- Empecé diciendo. Y media hora después terminaba de “gritarle” (aunque muy educadamente) mi reclamo. En lo que fue mi primera pausa vocal, el joven intentó explicarme lo inexplicable de su idiotez y de su falta absoluta de interés, y fue entonces que la vi. Allí estaba. Justo sobre su escritorio. Rodeada de una cinta roja y azul, se encontraba la medalla plateada del undécimo Torneo Mundial de Ta-Te-Ti.
-Cualquier cosa, si está vez no te funciona, venís y preguntás por mí ¿Está bien?- Me dijo el muchacho – Igual acá te anoto mi nombre ¿Sabés? Yo me llamo “Federico C.”-
Fuentes confidenciales me revelarían más tarde lo que por entonces yo desconocía pero comenzaba a sospechar. Al parecer, en el ya mencionado y prestigioso torneo de Ta-Te-Ti, La licuadora japonesa había arrebatado de manos de “Federico C.” el primer premio, dejándolo con el para nada despreciable segundo premio: una vacante para el puesto de atención al público y ventas, en Telecom Personal (Fuerte el aplauso para Fede!!!!).
Así que ahí estaba yo, siendo atendido por el más grande talento que nuestro país supo dar en materia de Ta-Te-Ti.Finalmente conseguí lo que quería. Un plan de telefonía con el que pueda hablar sin límites, al que no tenga que ponerle crédito por medio de una tarjeta prepaga, con factura y listo. Hablar gratis con mi novia y poder enviar mensajes. Aunque bueno, a decir verdad, algunas cosas las tuve que ceder, porque el plan finalmente es con tarjeta prepaga… y de gratis tiene poco, pero por lo menos el teléfono que me dieron… bueno no, en realidad no me lo dieron, lo tuve que pagar, y ni siquiera está bueno, pero ahora, ahora pueden llamarme cuando quieran, y además, y esto me tiene re contento, en la parte de juegos, trae el TATETI 2.0!!! ¿Qué más puedo pedir?

martes, 14 de octubre de 2008

En vivo desde el revistero...

Entender algunas cuestiones económicas, o más bien entender la economía, a secas directamente, desde lo más básico, siempre me resultó algo así como un acertijo sumamente complejo. Suele sucederme que justo cuando yo creo haber entendido algún fenómeno de índole económica, aparece esa extraña sensación de que solo entendí una muy muy pequeña parte de la cuestión, y que hay otra parte, la más grande, la verdaderamente importante, la fundamental, que siempre acaba por salirse del alcance (evidentemente limitado) de esa porción de mi cerebro y mi comprensión. El corto alcance de mis ideas al respecto, no llega al punto de incapacitarme a niveles tales como para no poder calcular un vuelto del supermercado, pero debo reconocer que no me permite comprender fenómenos como por ejemplo, “La desaceleración económica mundial” o “La influencia del jabón en polvo baja espuma en el proceso de formación del precio del poroto sojero”. Es más, no puedo creer que alguien en el mundo sea capaz de entender tales cuestiones, pero me consta que hay quienes son capaces no solo de comprenderlas, sino incluso de explicarlas. Mi amigo “Samy B.” es uno de ellos. Además de ser quien suele explicarme las cuestiones económicas mundiales importantes, es también el culpable del poco o nulo incentivo para el desarrollo de mi acotadísima comprensión de tales temas. Después de todo, teniendo un amigo así, más vale esperar a verlo y que te explique, antes que intentar comprender por uno mismo. De hecho, si yo tuviera que poner a “Samy” en el lugar de un libro, debo reconocer que diría que es algo así como el “¿Cómo llegan los bebés al mundo?” o el “Algo está cambiando en mi cuerpo” pero de las cuestiones económicas.
Por ejemplo, hace un par de días estaba con Lu tomando un café en un bar y se nos ocurrió hojear durante un rato, las revistas que ofrecía el lugar. Fuimos hasta el revistero y sacamos dos revistas. Luego de pasar un par de hojas de una de ellas, me encuentro con una nota que hablaba del crecimiento de nuestro país. Decía por ahí que la Argentina había crecido cerca del 7,2% con respecto al mismo período, pero del año anterior, y que con este ritmo de crecimiento sostenido, la Argentina alcanzaría no se que cosa, y que crecer a teles niveles, provocaban no se que otra, y que pocos países en los últimos años habían logrado tales tazas de crecimiento. En fin, solo una cosa tenía clara de aquella nota. La Argentina había crecido.
¿Qué quiere decir eso? Simple. Hay dos posibilidades explicatorias para esta cuestión al alcance de mi modestísima comprensión. O bien, significa que los que siempre ganan en nuestro país, van a ganar esta vez un 7,2% más que la última vez, o bien hace referencia a que la argentina realmente está creciendo. Es decir, que a este ritmo, para el comienzo de la temporada de verano 2009, nuestro país va ser como 187 km más largo que ahora, y que para entonces, por ejemplo en “La Bristol”, va a haber mucho más lugar disponible para la vieja y gloriosa sombrilla floreada familiar. (Sí. Esa que se divide en dos partes y que pesa como 500kg, y que hace que a la hora de volver de la playa, elijas llevar el termo, el kit de mate, las ojotas, la pelota y la heladerita, antes que ser el encargado de la sombrilla) . Es entonces cuando dudo de que alguna de las dos explicaciones que se me ocurren sea posible, y espero a hablar con “Samy”, y le pregunto directamente a él, esperando encontrar alguna respuesta un tanto más compleja, abarcadora, pero sobre todo, real, para el tema en cuestión. Porque si no lo hago, me quedo con la idea ridícula, alocada, inverosimil y sin asidero , de que todo esto, no es más que una gran timba, en la que sin dudas, alguien se está carteando.
Ahora bien, del mismo revistero de donde había salido la revista que tenía la nota en cuestión, salió también una revista Cosmopolitan de los últimos meses. En esta, había una suerte de “test” que explicaba a las mujeres, cómo debían analizar al hombre que les interesaba como posible pareja. Lo que dicho “test” sugería a las mujeres, era que observaran como se comportaban los hombres en cuestión, a la hora de elegir un auto para comprar. Por medio de analogías trazadas con el más verdaderamente estúpido de los lápices, lo que afirmaba la nota era lo siguiente:
¿Qué mira ese hombre a la hora de comprar un auto nuevo? Lo sugerido era que, si a la hora de adquirir un nuevo vehículo, el hombre mira primero las llantas y la pintura, “seguramente es un hombre al que le importa demasiado tu aspecto y no dudará en cambiarte a la primera oportunidad, por un modelo más moderno,... así que ojo chicas, a no engancharnos demasiado…”. Otra opción era que, si lo primero que ese hombre evaluaba, era cómo se siente el auto al manejarlo, es porque “es un hombre que vive el presente, la aventura, el ahora, y que de seguro, basa sus acciones en el instinto… ¿muy básico para nosotras, chicas? ” Una tercera opción, afirmaba que si ese hombre se fijaba primero en el kilometraje, era cantado que “es un hombre al que le importará demasiado tu pasado, así que chicas, cuidado con nombrar a nuestros ex en la primera cita…” Bien, multiplicando por diez este tipo de premisas, se obtiene una idea bastante acertada de lo que era este pseudo-test que venía con la proto-revista en cuestión, al cual a mi juicio, le faltaba una undécima opción casi obligatoria. Pues al menos como muestra de fidelidad y de compromiso con sus lectoras, la nota debería advertir que si ese hombre llega a levantar el capot del auto antes que cualquier otra cosa, pues chicas, “Estemos preparadas , en cuanto vean nuestras cosmocabezotas huecas, como mínimo, se nos caga de risa en la cara...”.
Debo reconocer que quien estaba leyendo ese “test”, y sometiéndome a mi a escucharlo, era Lu. La mujer a la que amo. La mujer con la cual voy a casarme pronto, y con la cual compartimos casi todos nuestros días. Ahora bien, siendo que ella me lo estaba leyendo, creo que cabe aclarar que una entre tantas otras razones por las cuales elijo a esta mujer para compartir todos mis días, es porque cuando me muestra este tipo de cosas en las revistas, empieza siempre diciendo:
-Increible!!!... Mirá mi amor. Mirá lo pelotuda que es esta revista…-

viernes, 10 de octubre de 2008

Falsa alarma… SOY MAMÁ!!!

Nunca creí que yo fuera a ser de “esas” personas. Es más, siempre me parecieron cuanto menos exageradas. Toda mi vida sostuve que una persona, es una persona y un animal, es un animal. Así de simple. Un perro tiene nombre, solo para que por pura simpatía, no nos lo comamos, y es por esa misma razón, que las vacas y los pollos, por ejemplo, no tienen nombres propios, son eso, vacas y pollos. Ni Daysi, ni Sasha, ni ningún otro nombre que los iguale a nosotros… así nomás, sin apodo, con o sin guarnición, son vaca y pollo a secas.
Ahora, todo esto cambia rotundamente, cuando el animal en cuestión deja de ser un animal, para pasar a ser tu animal. Yo lo pude comprobar cuando una vez, un grillo (si.. un grillo) se instaló en una maceta de mi casa por unos siete u ocho días. El primer día fue un grillo. El segundo día fue “Pepito”…y el día que algún insensible lo mató para no tener que soportar más su “Cri Cri”, fue un verdadero bajón. De más está decir entonces, que a esta altura Ramona dejó de ser una gata, para pasar a ser una integrante de la familia de la cual estamos pendientes todo el tiempo y a la cual nos dirigimos con tonos de voz y con gestos que deben hacer que la pobre gata, piense que fue adoptada por una parejita joven, pero con serias atrofias cerebro-hemisféricas, con lo cual, a esta altura, no sabemos que tan contenta está de estar con nosotros. Lo que si sabemos, es que nosotros estamos, felices. Al menos yo, siento que Ramona me alegra la vida. Me cambia el humor y me ayuda a olvidarme al menos por un rato, de todos los “problemas” que tengo en este momento de mi vida. Lo que no se bien, es cómo hace todo eso, porque la verdad es que su día se divide en dos actividades claramente marcadas. La primera de ellas, que abarca aproximadamente unas diez horas diarias, podría describirse como “dormir a pata suelta en la parte más cálida del piso del living” sin importar absolutamente nada más. La segunda actividad, y que ocupa aproximadamente el resto de su día, es la denominada “dormir a pata suelta, en cualquier otra parte de la casa”, preferentemente, arriba de alguno de nosotros dos. Aunque para ser justo con ella, debería reconocer que también pasa algunos minutos al día, mordiendo cuanto cable eléctrico encuentra a su paso entre siesta y siesta (aunque solo sea porque no entendió aun, que en la pelea Ramona-Edenor, la privatizada lleva por lejos las de ganar). En síntesis, no tengo idea de cómo lo hace, solo sé que me hace bien, aunque debo reconocer que hasta hace un par de días, estaba algo preocupado por su sordera.
¿Por qué hasta hace un par de días? Porque por entonces me di cuenta de algo que me tranquilizó, y que hizo que finalmente encontrara la respuesta a mi temor. La respuesta es simple. Se llama Veterinaria. Pero déjenme contarles como decidí llamarla.
El otro día fue el cumple de Noe (mi hermana), que después de cumplir treinta años (y casi morir de un susto en el mismo día gracias a la fiesta sorpresa que le organizó Ceci), decidió que un Karaoke, era la mejor forma de celebrar su día. No hizo falta más que una sola canción. En la primera misma me di cuenta de todo y me empecé a sentir mucho mejor. Para romper el hielo, Noe y Ceci, abrieron el karaoke con lo que a mi juicio, merece el título de evento artístico, cuanto menos, novedoso. Lo que hicieron fue simple y complejo al mismo tiempo. Mientras la música que salía de los parlantes correspondía a una canción de Shakira, y la letra que ambas entonaban también, la melodía de sus voces improvisaba, en el mismo instante una tonada absolutamente desconocida para mí, y para el resto de los presentes. Era como una gran improvisación vocal, con música midi de Shakira en el fondo. Ahí mismo me vino la idea. Si yo no conociera a Ceci y a mi hermana, hubiera pensado – Mirá que bien como se animan a cantar las chicas sordomudas...- . Y fue entonces que pensé que talvez, lo mismo estaba haciendo con Ramona. Es decir, talvez Ramona no era sordomuda, sino que simplemente maullaba mal.
Al día siguiente la veterinaria me lo confirmó. No tengo una gata sordomuda. Es una gata muy muy chiquita, y todavía no aprendió a maullar, no tiene una madre a la que imitar, entonces maulla sin sonido (al menos eso hacía hasta ayer). Por lo demás, no responde a los llamados y los ruidos, pero no porque sea sordomuda, sino porque en términos médico-veterinarios, lo que tiene mi gata, es que todo le importa un huevo.
Lo de ayer merece un punto aparte. Ayer, después de salir un rato largo de casa, me encontré con una escena que no me esperaba. Al volver y abrir la puerta, Ramona vino corriendo y empezó a maullar sin dejar de seguirme por toda la casa. Simplemente me miraba y maullaba emitiendo un sonido agudo y cortito (una mezcla entre un aguila y un kohinor en mal estado). Así estuvo por un rato largo largo mientras yo (debo reconocer que estúpidamente) la felicitaba continuamente por haber aprendido a maullar.
Unas horas después, cuando Lu volvió de trabajar, le conté lo sucedido. Y entonces, ahí nomás, Lu, mi novia, la mujer con la que voy a casarme, la hermosa mujer con la que quiero compartir mi vida. Lu, la misma con la que vamos a acompañarnos y cuidarnos en la salud y en la enfermedad, me sonríe, y así, sin ningún tipo de miramiento me dice:
-Seguro que la gata debe pensar que sos la mamá, por eso te anda maullando todo el tiempo…-
Ella, la que sabe mejor que nadie, que puedo pasarme días enteros pensando en la más mínima estupidez. Ella, la que conoce toda la historia sobre el gen de la “culpa por todo” que llevo en la sangre, ella, la que después tiene que aguantarme en mis ataques de culpa, me dijo eso, que la gata cree que YO soy su mamá.
De más está contarles que desde ayer se extinguió por completo mi preocupación por la sordera de Ramona. Claro que a partir de ahora no puedo dar un paso, sin sentir que cada vez que la gata hace el más mínimo gesto, maullido, movimiento o ruidito, es porque necesita algo de mi, y que de no dárselo, cualquier problema que tenga, va a ser responsabilidad absolutamente MIA, en fin, de su ¿madre?!!!!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Una más… y no jodemos más!!!

Viniendo de la serie de desafortunados acontecimientos que se sucedieron en la relación “FAUNA – YO”, esta vez fui mucho más precavido, algo tenía que cambiar, para que entonces sí, yo pudiera modificar el rumbo de mi vida.
Una vez que "el gaucho" no estuvo más en casa, dejé pasar veintidós largas y solitarias horas, y entonces sí. Ya era hora de un cambio de verdad. Ya estaba completamente listo. Analicé racionalmente la situación que había vivido el día anterior. Lo pensé desde todos los ángulos posibles. Lo consulté hasta con la Señora Miyagi. Mi conclusión fue rotunda: Yo tengo mala leche, no lo voy a negar, pero “el gaucho” era, sin lugar a dudas, un mal nacido hijo de perra.
Con la tranquilidad de no ser el único culpable de la fallida relación entre el can y yo, (y esto ya fue, a mi juicio, un avance astronómico, ya que siempre me sentí culpable de toda relación infructuosa en la que participara, e incluso a veces de aquellas relaciones en las que yo no había tenido nada que ver), me puse nuevamente de pié, para esta vez sí, encontrar un camino positivo para salir de mi situación. Por supuesto, la única forma que conozco, es buscando una nueva mascota. “Una más, y no jodo más” pensé mientras google, hacía la parte aburrida del trabajo por mí.
Un gato. Estaba decidido. Quería un gato, porque ya habiendo comprobando empíricamente la falacia de la frase “perro que ladra no muerde”, tenía aún esperanzas (y sobre todo teniendo en cuenta mi reciente historial de mala suerte) de encontrar algo de verdad, en la creencia popular que supone que los gatos tienen siete vidas. Así fue que luego de intensas negociaciones con google, lograba que éste, eliminara de mi búsqueda al elenco completo de “bailando por un sueño”, para dar, entonces sí, con la clase de gato que estaba buscando.
Revisé varias opciones, pero finalmente me decidí por una, que intuí, sería la correcta. Me fui hasta el lugar y con una única mirada fue suficiente, en menos de un segundo de estar allí, decidí que nunca en mi vida iba a tener catorce gatos juntos. El olor era insoportable, catorce animalitos eran demasiada mascota para mi gusto y para mi nariz, así que la entrevista duro poco. Elegí una gatita de 45 días con colores mezclados entre el negro y el rojo, y me despedí agradecido (por la hermosa gata y por el aire puro del exterior).
Una vez en casa, y luego de esconderse en cuanto rincón encontró para alejarse de mi, sucedió lo inesperado. Mientras buscaba el mate dentro de la alacena, y con la ayuda de mi profunda enemiga, “La gravedad”, todos los jarritos de loza que tengo, fueron a parar al piso. El ruido me asustó incluso a mi, que veía como toda mi colección de vajilla de “todo por dos pesos”, explotaba inevitablemente en el suelo de la cocina. ¿Ella? Inmutable. No se asustó en lo más mínimo. Siguió sentada en el mismo lugar, sin prestarme, ni a mi, ni a mi crisis de vajilla, ni la más mínima atención. Cuando terminé de sepultar los restos de mis platos, vasitos, platitos, tacitas, e inutiles compoteritas chinas (de verdad que era toda made in china), me dediqué a llamar a Ramona (así fue finalmente bautizada la gata) con todo tipo de soniditos y muecas, que de seguro me habrán hecho ver absolutamente idiota. Nada. Ni cinco de bola. Comencé a aplaudir, a gritar, a silbar, y hasta empecé a golpear una cacerola en algo que comenzaba a parecer especie de protesta ridícula y con bajísimo poder de convocatoria dentro de mi cocina. Nada. No me daba bola, ni siquiera me miraba. Pero unos segundos después, sucedió. Salió de debajo del sillón, y casi estrenando su nuevo nombre propio, me miró a los ojos y sentó el culito en el piso. La miré, y con una voz que me daría vergüenza reproducir le dije:
-Hola Ramona hermosa, bienvenida!!!!
Ramona continuó mirándome unos segundos. Luego abrió la boca, y sin dejar de mirarme emitó un gran - ……..-. Nada. Silencio absoluto. Una y otra vez, la gata abría la boca y no le salía ningún ruidito. Ni miau ni nada de nada!!!!
No lo podía creer. En medio de una taquicardia 100% justificada y maldiciendo el momento en el que decidí dejar de fumar, comencé a atar cabos. No se asustó con la catarata de porquerías made in china que cayó de mi alacena. No respondió a ninguno de mis muchos llamados (por ridículos y humillantes que fueran para mí). Abrió la boca y no emitió el más mínimo sonido… Era obvio!!! Tristemente obvio!!! No solo había tenido una de las poquísimas gatas fóbicas que debe haber en el mundo, sino que ahora, mi estúpida mala suerte, se las había ingeniado para reírse de mi nuevamente. Lo imposible sucedía otra vez. Ahora, Increíblemente (si si, escuchalo bien), creo que ahora, tengo una gata SORDOMUDA!!!!
Se dice (y no “se dice por ahí”, como así nomás, sino que se dice en documentales de “Discovery Chanel” entre otras fuentes que podría citar) que una persona tiene muy pocas probabilidades de, por ejemplo, ganarse la lotería y ser golpeado por un rayo, ambas en el transcurso de una vida. Las dos cosas son tan poco probables, que dar con una de ellas, ya es una rareza de por sí. De ese modo, uno podría y hasta debería suponer que habiendo adoptado a Lupe “la fóbica”, y ahora a Ramona, “la sordomuda” yo ya estoy hecho con las rarezas y/o con las cosas “poco probables” en esta vida. Pero si hay algo que justamente mi vida me dejó claro, en mis hasta ahora 32 años de vida, es lo siguiente:
Por un lado, que las probabilidades son puro verso. Chamullo, dicho en criollo. Y por el otro, que debería dejar de jugar a la lotería, después de todo tengo tan pero tan pocas probabilidades de ganarla que es casi inútil seguir gastando en eso, y por otro lado, y teniendo en cuenta el camino recorrido por mi suerte, creo que debería considerar seriamente la posibilidad quedarme en casa los días de tormenta eléctrica.

jueves, 2 de octubre de 2008

Mi perra suerte...

A esta altura, de más está decir, que no me considero un tipo muy “suertudo” que digamos. Me parece que simplemente hay, por un lado, gente a la cual todo le sale bien sin importar ni como ni cuando hagan las cosas, gente que tiene suerte, o dicho en criollo, gente que tiene un culo bárbaro. Por otro lado, hay gente que no. Gente que no tiene suerte, gente a la que las cosas no le salen, gente sin nada nada de culo. Yo, definitivamente, me ubico dentro de este numeroso segundo grupo para el cual la vida, termina en el huesito dulce… y después de eso… la nada.
En el último tiempo, mi vida pasó a ser como la ilustración de esa frase que dice: “llueve sopa y yo tengo un tenedor”, pero a un nivel más profundo, a un nivel donde además de desafortunado (y aunque creo firmemente que mis elecciones fueron, sino correctas al menos justificadas) me siento un poco como el culpable de mi mala suerte. Sería algo así como “llueve sopa y yo tengo una cuchara, y hasta tengo una servilleta y queso rallado Light!!!!.... lo que no tengo justo justo ahora, es hambre!!!”. Si bien puede ser que a veces (como estoy tratando de entender en mis sesiones con la señora Miyagi) no sea mi culpa, es una sensación que no puedo evitar, es así de simple, porque además de heredar el gen de la panza con tendencia al hiperdesarrollo, una muy alta probabilidad de contraer tremendas alergias primaverales y la habilidad de enojarme profundamente (y hasta de gritarle) a elementos materiales inanimados como por ejemplo una birome que no escribe, tengo la mala suerte de haber heredado el gen de la culpa por todo. (tranquilos papis, todavía no descubro quien de los dos fue!!!).
La cuestión, es que estoy próximo a casarme. Se preguntarán qué tiene que ver mi casamiento con mi gen de la culpa por todo. Bien, tiene que ver porque me di cuenta de que es probable que en un par de años (o dos pares de años) haya por el mundo pequeñas versiones de mi mismo (también llamadas HIJOS) y mi preocupación es, ya no si heredé y de quien heredé ese gen, sino descubrir si además de portador infectado, soy un transmisor del mismo.
Con esa idea fue que hace un tiempo no muy largo, se me ocurrió que talvez una buena forma de ahuyentar la mala suerte de mi vida (y con ello también esa sensación de que toda cosa mala que pasa a mi alrededor es MI culpa) era consiguiéndome una mascota, que con su incondicional afecto y sus incontenible catarata de amor limpiara el ambiente (o el dos ambientes) en el que vivo. Simple. Chau mala suerte, chau culpa. ¿Qué terapia ni terapia? Mas-Co-Ta. De esa forma, fue que me di a la búsqueda de un pequeño gatito en cuanto refugio felino conseguí ubicar. Después de entrevistarme con varios gatos que no fueron de mi total agrado, di con LUPE (así la bautizamos), una gata de tres meses, blanca y negra, super super cariñosa, y además, hermosa. No lo dudé, me la llevé a casa saltando de alegría (no literalmente claro, son como cuarenta cuadras, además, con mi racha de mala suerte, seguramente un salto de alegría terminaba en esguince).
Una vez en el sillón de casa, me senté listo para recibir su catarata de amor. Increíblemente, fue lo que recibí, pero con el transcurso de los días, la catarata se fue transformando en una cascadita, una leve lluvia, y finalmente una llovizna molesta. La gata comenzó a pasar más tiempo encerrada en una caja (por su propia decisión que quede claro) que jugando conmigo. Era esperable. Mi suerte se había hecho presente otra vez. Resultó que la gata, la mimosa gata, la hermosa gata, era fóbica. FO-BI-CA. Debe haber 1 gata fóbica, cada 600.000 gatas “normales”. Yo elegí a LUPE. La fóbica. En resumen, la tuve que devolver al refugio, porque la combinación entre amo desempleado y gata fóbica necesitada de carísimos medicamentos, no me pareció la mejor de las combinaciones (lo cual, de más está decir, me hizo sentir terriblemente culpable).
La cuestión es que, no contento con esta última experiencia, decidí seguir buscando la solución, entre la fauna domesticada.
¿Gatos? Nunca más!!!!
Ahora voy por los perros. Esos dulces y tiernos animales capaces de transformarse en el mejor amigo del hombre. Fieles. Compañeros. Guardianes. En fin, un perro me pareció la solución.
Repetí la búsqueda, esta vez cambiando la palabra “gato” por la palabra “perro” en el google, y comencé a recorrer refugios nuevamente. Finalmente di con “Gaucho”, un mestizo hermoso, aunque un poco grande para mi depto. No lo dudé. Gaucho se vino conmigo.
En el viaje imaginaba como sería volver a casa de ahora en más. Lo ví claramente. Me imaginaba a mi mismo doblando la última esquina antes de llegar. En la puerta del edificio estaría él. El Gaucho (aunque pensaba cambiarle el nombre) esperándome ansioso. Al verme, vendría corriendo hacía mi (en cámara lenta, que es mucho más emotiva) moviendo velozmente la cola, y con la lengua afuera rebotando contra su cara, mientras de fondo y a todo volumen, sonaría “Friends will be friends” de Queen. Se tiraría arriba mío y me llenaría de besos y ladridos de alegría, de esos que dan los perros cuando quieren decir “que bueno que volviste amigo!!!!”. Yo lo abrazaría, y juntos nos iríamos a casa a disfrutar de nuestra reciente pero profunda amistad mientras la canción de Queen iría bajando de volumen.
Mmm…no. Simplemente no fue así. Llegué a casa, y el muy hijo de una gran perra (naturalmente) me mordió. Si. Me mordió!!!. Y me mordió sin Queen de fondo. El muy hijo de perra me mordió a secas, así nomás, en pleno silencio!!!.
De más está decir, que después de la mordida, vino la tarjeta roja y la automática expulsión del can (imaginen ustedes que si me puedo enojar y hasta gritarle a una birome sin tinta, lo menos que le correspondía al Gaucho era el destierro).
Fue algo doloroso, pero al menos, los dientes de “mi perrito” (porque ni a cambiarle el nombre me dio tiempo el hijo de perra) clavados en mi pierna, hicieron que la adrenalina expulsara de mi torrente sanguíneo a la culpina (endorfina de la culpa) haciendo más llevadero el momento de su expulsión.
Después de todo esto, estuve leyendo en una página de Internet, que uno de los animales más buenos del reino animal, es la ballena, así que estaba fantaseando con pedir presupuesto para una pecera de unos… mmm… ¿35 mts? Aunque no sé… porque si se llegan a extinguir, ni la señora miyagi me va a sacar la culpa!!!

sábado, 27 de septiembre de 2008

I’ll be beep…digo I’ll be back.

Ayer, después de bastante tiempo sin hacerlo, salí con dos de mis mejores amigos a tomar algo. Fuimos a un pub del microcentro que todos conocíamos desde hace ya muchos años.
Cuando llegamos, nos ubicamos en una de las pocas mesas libres. Una vez ahí, entre cervezas y cafés, intentamos, por sobre el volumen de la música, comunicarnos por medio de una serie de gestos que creíamos comprensibles, pero fue inútil, porque una cosa, es transmitir gestualmente oraciones como “pasame la mostaza”, cuando la mostaza está justo ahí, en la mesa, y otra muy distinta es tratar de hacer que te entiendan, cuando solo sirviéndote de un par de gestos, querés decir, “Y…por ahora no estoy yendo a terapia porque no tengo un mango… pero apenas consiga laburo retomo…¿y vos boludo? ¿seguis?". Absolutamente imposible, así que durante aproximadamente tres cuartos de hora, nos conformamos con poder charlar en los intervalos de silencio entre cada una de las canciones que un grupo de música tocaba en vivo en el lugar. Debo reconocer que sonaba bastante bien. Era una banda “que imitaba” a U2. Y cuando digo “que imitaba” , lo digo en todo sentido. Tocaban las canciones de U2, se movían como los U2, tenían el aspecto físico de los U2, se vestían como los U2, y el cantante, Bono (Vo?? Noooo) hasta nos hablaba en “inglés” … y cuando digo en “inglés” NO lo digo en todo sentido (Güil or güiraaaauchuuuu, güiiiil or güiiiraaauchuuu aja…).
En fin, de la salida de anoche, me quedo con un par de cosas importantes para recordar. La primera de ellas es que está muy bien ser totalmente fanático e idolatrar a alguien por completo, vestirse como, caminar como, hablar como, SER como...Todo eso está muy bien. A los quince años. A los treintaipico, no. A los treintaipico ya das una imagen así medio como “el boludote”.
Otra cosa de la cual tomé nota mental gracias a la noche de ayer, es que tal vez, un recital en vivo no es el mejor lugar para ponerte al día con tus amigos. A menos que te muevas en un círculo de amistades hipoacúsicas, repito, un recital, no es el mejor lugar.
Hoy, teniendo en cuenta lo aprendido en la salida de anoche, quise anticiparme. Cómo tengo que encontrarme con una amiga de la facu a la que no veo hace rato, y pensábamos hacerlo en un bar, me dije a mi mismo – Yo por las dudas llamo, y pregunto si hay recital en vivo o algo así…– para lo cual, obviamente, necesitaba el teléfono del lugar. Cómo no lo tenía pensé unos instantes y mi tremenda lucidez mental, me brindó una solución inmediata: La gloriosa línea de informaciones 110!!! Agarré el teléfono y llamé de inmediato. Lo que sigue, es un pequeño pedacito de la conversación que tuvo lugar instantes después:


- Bienvenido al servicio de información de guía 110, de Telecom Argentina.- me dijo la voz de la grabación – Si desea conocer un número telefónico de páginas blancas, marque 1. Si desea cono...-
- Piiiiip – (sonó el número 1 en el teclado de mi teléfono)
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada.- dijo amablemente la voz de la locutora.
- Colegiales...- Dije casi distraído.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada. – Repitió la voz.
- Colegiales...- Dije más lentamente esta vez.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada. – insistió la grabación.
- Co-Le-Gia-Les – Esta vez, silábicamente.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada – Repitió la voz por tercera vez.
- Collllleeegiaaaalllllleeeeessss – Esta vez, muuuy lentamente y en un tono tipo Forest Gump.
- Por favor, después de la señal, diga la localidad solicitada
- COLEGIAAAALESSSS LA PUTA QUE TE PARIO!!! – Ya gritando enfurecido.
- Aguarde un instante por favor …– Dijo muy amablemente la grabación.

Finalmente un ser humano de nombre “Marisa” me volvió a hacer (una única vez) la misma pregunta que la grabación ya me había hecho (4 veces), y tres preguntas y veinte segundos después, me encontraba anotando el teléfono que estaba buscando.
Después de esta experiencia, solo tengo clara una cosa, y es que con maquinitas tan tremendamente pelotudas, John Connors, Sarah Connors, y el terminador bueno, pueden dormir recontra recontra tranquilos.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Eureka!!! Todo solucionado!!!

Hoy desperté con dos ideas dando vueltas en mi cabeza. Las dos son geniales, perfectas para ayudarme a cambiar mi mundo. A darlo vuelta, o por lo menos, a encontrarle una salida, porque a esta altura, y gracias a muchas sesiones de terapia entre otras cosas, ya comprendí que el mundo está dividido en dos clases de personas. Las que saben lo quieren hacer con su vida, y YO.

La primera de estas ideas me vino cuando escuchaba en la radio una noticia sobre el gran problema financiero que están sufriendo los norteamericanos, y que por ende (porque todos sus males son de exportación) también estaremos sufriendo nosotros a la brevedad.
La noticia en cuestión decía algo así como que los grandes medios de difusión norteamericanos se habían puesto de acuerdo en que, para evitar mayores daños que los ya causados por el nombrado problemita de billetes verdes, no se deberán usar en ninguna transmisión radial o televisiva, palabras como Catástrofe – Recesión – Crisis – Hipotecas – etc. Estos genios del pensamiento con cuatro ángulos rectos, suponen que no utilizando esos vocablos, la ciudadanía del norte, no va a pasarla tan mal, motivo por el cual, y simplemente siguiendo esta regla de tres simple yankie (simplísima, easy easy pero posta posta ehh), para no sentirme tan mal con mi presente personal, decidí que no voy a usar nunca más las siguientes palabras: Desempleado, Deuda, Sobrepeso, Expensas y Alquiler.
Y así de simple, sin más, me voy a sentar a esperar que mi vida de un vuelco sorpresivo hacía la felicidad absoluta. ¿O todavía no aprendimos nada de los niños chiquitos que tapándose los ojos nos dicen – No toy -? Bueno, ahora, con la eliminación de esta serie de palabras, la mayoría de mis problemas…no tan más!!!


La segunda idea fue algo así como una profunda revelación. Me llegó de repente, y a partir del mismo instante en que se instaló en mi cabeza, comencé a sentirme mejor conmigo mismo.
La cosa es así: En las épocas en las que aún tenía un trabajo, solía dejarme preparada en una banqueta junto a la cama, la ropa que tenía pensado usar al día siguiente (junto con la ropa limpia para guardar, y con la ropa sucia para lavar, y con la ropa que había separado hacía ya tiempo para dar). Una vez que descifraba el complejo acertijo, y conseguía vestirme de forma relativamente razonable, estaba casi listo para salir. Lo único que me faltaba, era chequear las baterías de mi reproductor Mp3, colocarme los auriculares, y entonces si estaba listo para partir rumbo al trabajo. Me recuerdo perfectamente, caminando cada mañana las dos cuadras que me separan de la parada del colectivo, mientras escuchaba música a un volumen algo más alto que lo médicamente recomendado. Esa sensación, que hoy recuerdo con cariño, es la sensación de ser productivo, de estar laboralmente activo. Por alguna razón, desde que no tengo trabajo, dejé de usar el reproductor de Mp3, pero ayer por la noche, casi instintivamente, lo saqué del cajón del escritorio, me puse los auriculares, y salí de mi casa. Una vez en la calle, puse play, y de pronto… ZAZ…la sensación me invadió por completo (como una chica de bikini azul circulando por mis venas). Fue como una especie de flashback. De pronto me sentía nuevamente como en aquellas mañanas de ciudadano productivo!!! Por un momento que no sabía cuanto podría llegar a durar, mi malhumor y mi ansiedad se habían interrumpido. Paso a paso lo fui comprendiendo, cada vez me iba quedando más claro. Había encontrado la llave de la solución. Había entendido un punto fundamental para lograr mi felicidad (y el pobre Marx, había desperdiciado tanta tinta escribiendo sobre el ejército de reserva, la alienación, etc etc).. En ese momento comprendí que la sensación de paz y de completud que busco, no proviene de tener un trabajo que me permita estar en contacto directo con el producto de mi esfuerzo y con mi identidad productiva, sino de usar mi Mp3. Así de simple!!! Por lo tanto, mi solución no está en buscar y encontrar un empleo interesante. No no no. La solución a mi problema está en bajar más música a mi milagroso aparatito chino (o taiwanés)!!!

jueves, 25 de septiembre de 2008

Hoy,...hoy voy a cambiar el mundo!!!

A eso de las 11 de la mañana sonó el despertador - en realidad, una insoportable alarma de mi teléfono celular sin muchas opciones para elegir - así que mi primer abrir de ojos, fue motivado por un insoportable y absolutamente estresante chirrido acompasado, que se supone me tiene que ayudar a empezar mi día, de buen humor y predispuesto al triunfo (Glory, ese es el estúpido nombre del sonido). Dejé pasar uno minutos antes de salir de la cama. En realidad, 60 minutos. Cuando finalmente me desenrosqué de las sábanas, decidí darme un baño para activar un poco mis ideas, para lo cual previamente tuve que abrir la llave de paso del agua caliente, porque resulta que un caño roto en la cocina no me permite tenerla abierta por más de media hora seguida. En un esfuerzo que no cabe en la palabra “optimismo”, elegí ver el vaso medio lleno y lejos de putear por la rotura del caño de agua caliente, agradecí que no se hubieran roto también el de agua fría.
Abrí la canilla de la ducha y me quedé parado unos instantes, intentando recordar las enseñanzas de Jorge Bucay, Spencer Jonson o Paulo Cohelo, y preguntándome si había hecho bien en no leerlas jamás. No lo dudé ni por un instante. Inflé mi pecho lo más que pude, sonreí hasta que casi se me raja la cara al medio, (porque supongo que eso es lo que recomiendan) y me dije a mi mismo en voz alta: - Hoy, será un gran día. Hoy el mundo va a estar de mi lado!!! –. “Más le vale que así sea de una puta vez”, pensaba mientras tanto.
Comencé a enjabonarme y cerré los ojos. Nada sucedió. Volví a intentarlo pero…nuevamente nada. Y entonces comprendí. Me iluminé. Me di cuenta de los grandísimos niveles de estupidez que puede uno alcanzar cuando está sumergido en la desgracia. Me reí a carcajadas de mi mismo. ¿Cómo no lo había visto antes? Con una sonrisa en la boca y negando con la cabeza, arrojé mi jabón al inodoro y comencé a secarme rápidamente para poder salir de casa. Acababa de darme cuenta. La felicidad no viene en un tonto pan de jabón. ¿Cómo iba a esperar que una vez enjabonado, mi baño se llenara de pájaros silvestres, de cascadas de aguas claras y de flores de exóticos colores? ¿Acaso no había aprendido nada en todos estos años? ¿Acaso en vano habían mis padres pagado tantas pero tantas facturas de televisión por cable?
- La felicidad no viene en un pan de jabón – me dije a mi mismo – viene con el gel de ducha Axe!!!- y con esa idea finalmente clara en mi cabeza, partí rumbo al supermercado. En el camino, entré en la primera tienda de ropa que encontré, y me dirigí hacía una de las zonas más llena de clientes. No cabía dentro de mí. Estaba excitadísimo. Finalmente estaba a punto de cambiar mi vida. Acababa de descubrir la forma de abrirle las puertas a la felicidad. Y era tan simple!!! Siempre había estado ahí!!! Tomé la primer prenda que vi, y esperé impaciente. Golpeteaba en el piso con un pie, mientras me mordía el labio inferior entusiasmado por saber tan cercanos, los inicios de mi éxito en la vida. Segundos después, vi a una vendedora joven que venía hacia mí lentamente. Zigzagueaba entre el resto de los clientes pero no dejaba de mirarme amenazadora. Dejé que se acercara hasta estar a unos centímetros de mi y dije, casi gritando de emoción y en un tono in-intencionalmente agudo (me hubiera gustado contenerme, disimular un poco más) – No. No estoy mirando…La voy a llevar!!! - Al mismo tiempo, y con la prenda en alto, miraba al resto de los presentes en el lugar, que a su vez me miraban estupefactos, guiñando indiscriminadamente mi ojo derecho y señalando con leves cabezazos la prenda que acababa de adquirir. Dentro de mi, los sonidos del éxito comenzaban a sonar (creo que era Europe. Si, Europe, The final Countdown…tararaaara tararatataaa…). Minutos después, salía de la tienda de ropa para continuar mi viaje al supermercado. Una vez dentro, llené mi chango de felicidad. Comencé con el gel de ducha ( Axe, claro. ¿Cuál otro sino ese me iba a dar el éxito que busco?). Después, y aunque mi teléfono funciona perfectamente, me compré uno nuevo. Tiene diez mil botones que no sé para que son, pero lo que si sé, es que mi vida ahora se va a llenar de nuevos amigos y amigas (todos esculturalmente lindos), y me éxito laboral va a aumentar exponencialmente, y todo gracias a este exorbitantemente caro aparatito!!! (no como los últimos 4 que compré, que no fueron más que carísimos y estúpidos teléfonos que hoy duermen en algún cajón de mi casa) Un rato después terminaba de decidirme por uno de los dos pegamentos para dentaduras postizas que había estado mirando. La decisión fue fácil, porque aunque me resulta totalmente inútil, uno de ellos, ahí nomás, en su misma envoltura y sin que mediara palabra, me garantizaba que cuando tenga 70 años, mi mujer iba a ser hermosa y además iba a tener un perro re copado!!! Ni lo dudé.
Y así, sin más secretos que una mirada atenta a la publicidad televisiva, pude llenar mi chango y mi vida de felicidad, y hoy, hoy voy a cambiar el mundo!!! Porque para todo lo demás… existe Mastercard!!!

miércoles, 24 de septiembre de 2008

A todos nos pasó alguna vez… (¿O solo a mi?)

Justo al horario convenido atravesás la puerta de entrada. Llegó el famoso primer día. Planchás con las manos la camisa que compraste a costa de sub-alimentar a tu gato(a), y de reojo, das una miradita al nido de carancho que llevás en la cabeza. – Es la onda –. Pensás intentando tranquilizarte.
Con la frente en alto, entrás inflando el pecho – Ojota que llegó el ENCARGADO – Pensás orgulloso de vos mismo…(Si te viera…alguien?!!!). Extrañamente nadie te da ni cinco. Tu saludo se pierde en el aire enrarecido del lujoso restaurante del que vas a hacerte cargo a fuerza de tu entrañable experiencia.
- Ah.. que bueno que llegaste. Hay que subir unos vinos de la bodega y hay que poner repuesto de las toallitas sanitarias. Sabés? En los dos baños. Gracias. - Así, con ese latigazo de lengua te recibe, sonrisa en boca, la veinteañera que a fuerza de una anorexia galopante y unos pechos carísimos parece haberse quedado con el puesto que hasta ayer, se prometía tuyo.
De esta forma empieza tu nuevo primer día. Subís la escalera a razón de una puteada por escalón. Cambiás las toallitas sanitarias con una paciencia que no sabías tuya, y no te sorprende en absoluto, que la llave del dispenser del baño de damas, caiga justo dentro del tacho de residuos. Así que ésa, es la imagen que te devuelve el espejo de tu recién estrenado trabajo: Un tipo con una camisa que no puede pagar, revolviendo con asco el tacho de basura. Después de unos minutos, das con la llave y perdés la autoestima en un mismo acto. Nuevamente abajo, adoptás la posición muñeco de torta (que según te contaron, se exige en el lugar) y así esperás, doctorándote en granadería, la nueva orden de la chica 90-60-90.
- ¿Es el mundo o soy yo? – Pensás inmóvil junto a la modelo, que exige a cada instante, que vos hagas su trabajo, dejando claro que ella no tiene idea de cómo hacerlo. Repasas en tu cabeza los pasos que te trajeron hasta acá, y una nueva pregunta se te aparece claramente - ¿Soy algo más que un engranaje en todo esto? ¿Hay salida, o solo mejores y peores momentos, pero siempre adentro? – Tu jefe, que por cierto ni te registra, parece haber encontrado la salida, pero lamentablemente, cerró la puerta tras de sí. Y así es como te viene la idea, por mera imitación. Sin que medie palabra, tomás tu camperita, tu bolsito y un poco de la autoestima que había quedado en el suelo, y en un silencio que te ahorra mil insultos, salís de ahí, cerrando la puerta detrás tuyo, y con una última pregunta en la cabeza. - ¿Existirá la puerta correcta?...

Así empecé...

Son entre las tres y las cuatro de la mañana. Suena “The Offspring” o algo que se le parece. De todos modos, en días como hoy, casi todo se parece a casi todo. Hoy es uno de esos días en los que estoy en estado de - Me da lo mismo - frente a todo. Es de esos días en los que todo, absolutamente todo me da lo mismo, pero de verdad. Y es justo en ese momento, justo cuando creo que el tupper donde vivo se está quedando sin aire, cuando me parece que a mi proveedor de cable (quien gentilmente me obsequia mensualmente su programación) le faltan por lo menos unos doscientos canales, cuando el porno de la red también empieza a ser todo lo mismo, cuando mi heladera ya no tiene ningún secreto que revelar, cuando ni mi gato me da bola (talvez porque le molesta que le diga gato cuando en realidad es una gata, y tiene nombre de gata y todo, pero en realidad es un gato hembra, así que que no joda), justo en ese momento en que me pregunto si seré el único aparato malhumorado, y al mismo tiempo no puedo entender como es que a nadie se le ocurrió inventar un lugar en donde todos nosotros, los aparatos malhumorados que no sabemos a donde ir en las noches como ésta, nos podamos juntar a no mirarnos, a no hablarnos, pero juntarnos al fin. Justo en ese momento en el que me empiezo a preguntar si es posible no estar así…dándome lo mismo todo el tiempo, se me ocurre la idea más revolucionaria de las últimas 100 noches (exceptuando el día en que rompí mi record creativo con la ocurrencia de mandarme un SMS a mi mismo) . Entonces, me arranco del sillón y me voy hasta la compu con el corazón latiendo a mil y el cerebro en plena explosión sináptica por la idea brillante que acabo de tener. Toco diez teclas a la vez a ver si así la compu prende antes, y en cuestión de segundos estoy navegando por la red rumbo al puerto de mi gloria intelectual. Los dedos me tiemblan de emoción. - Genio!!! Genio!!! - Escucho que grita mi alter-ego emocionado por el logro de esta noche. Entonces tipéo el primero de los nombres que se me ocurrió -en realidad el único - y una profunda decepción me invade de repente - BLOGUDECES ya está registrado??? No te puedo creer. Que reverenda mala leche!!!! - Y así, gota a gota, voy exprimiendo mis neuronas tratando de salirme con un nombre nuevo para mi Blog (aunque no sé bien que es eso del blog ni para que sirve…solo sé que es fun-da-men-tal). Entre puteada y puteada, se me ocurre que en realidad lo único que se me había ocurrido esta noche (además de esta última ocurrencia) era el nombre para mi Blog. Pero resultó que uno de los cinco mil navegantes que no están dedicados a bajar porno (porque la verdad que es todo lo mismo) se vino con la misma idea que yo, solo que un par de años antes. Y así, aunque claro que no es la única forma, llego a darme cuenta de que en realidad, lo que estoy buscando, lo que de verdad quiero, es tirar un cable, una soga, buscar una puerta que no sea la de siempre. Y así de brillante (brillo tipo bajo consumo) fue mi idea, la idea de titular mi blog UN CABLE A NO SE DONDE. Porque de verdad no lo sé. Solo sé que tiré el cable y que talvez vos puedas estar en “NO SE DONDE”.

The Criollen version of the same story:

Estaba tan pero tan embolado, y tan caliente por no tener un mango partido al medio (y por no tener trabajo que me de un mango para partirlo al medio, y usar la mitad en un día como hoy) que me había pasado la primera mitad de la noche puteando. Cómo no sabía que hacer de mi vida y estaba en pleno ataque de “medalomismitis”, me acerqué a la compu y pensé – ¿y si escribo un blog? - y después pensé - ¿Para que mierda quiero un blog? – Así que lo escribí. O empecé a escribirlo. Y como los otros nombres estaban ocupados, probé y probé hasta que se me ocurrió este. Y nada más.