El 2009 llegó sin mucho ruido. Lo esperamos con un asado suculento que a la vez que recibía el año, oficiaba también de despedía personal de las comidas hiper calóricas por un largo tiempo. Pues la luna de miel de hace unos meses, me dejó muchos momentos memorables, me recordó cuanto me gusta viajar, me permitió conocer lugares increíbles, me devolvió la alegría, y también me devolvió unos cuantos kilos ganados en un irreprochable esfuerzo (por cierto sumamente exitoso) por honrar a cuanto productor de empanadas regionales crucé en mi camino.
En fin, estrené el 2009 y mi primer día de furia no tardó en aparecer. Dos días llevaba de iniciado el nuevo año. Dos horas llevaba yo en la cola para tramitar mi pasaporte. Dos personas habían visto y aprobado mi documentación cuando llegué con el número 526 al mostrador número 7. Fue entonces que la mujer policía que estaba tras ese escritorio, y tras unos notoriamente gruesos anteojos, decidió que mi DNI no era legible. Detalle más detalle menos la idea era simple. Hacete un DNI nuevo y volvé. O sea “… nos vemos dentro de un año y capaz que ahí, te hacemos el pasaporte nuevo”. La verdad que me lo tomé con bastante calma. Las 7 horas que siguieron a ese momento, pueden describirse como una sumamente divertida, pero sobre todo creativa, combinación de insultos e improperios dirigidos directamente a la mujer policía en cuestión, a dos escalones (tanto ascendentes como descendentes) de su árbol genealógico, y su maldito oculista. Luego, dormí dos horas, y al despertar, retomé con renovadas energías el juego que tenía por protagonista a la mujer policía y a sus futuros hijos, quienes espero que sean chorros solo para complicarle la vida a "Mami".En fin. Tranquilamente recostado en el sillón de casa, y junto a mi amada esposa (y entre comentarios sumamente civilizados de mi parte), evaluamos fríamente las opciones que tenía por delante. Después de descartar la bombas molotov y el cinturón de dinamita, llegamos a la sana conclusión de que la mejor alternativa era intentar hacer las cosas bien y evitar nuevos problemas y nuevas broncas. Así fue que opté por adulterar prolijamente mi DNI y volver a hacer el intento al día siguiente, evitando por supuesto, caer nuevamente en la mesa de la Oficial Magoo.
Un día después me encontraba nuevamente en la extensísima cola, friéndome los sesos, en la esquina de Azopardo y alguna otra calle, junto a muchos otros que como yo, estaban a punto de encontrarse cara a cara, mostrador de por medio, con los CSI argentinos.
La primera hora de cola no fue tan terrible. Terminé el libro que había comenzado hacía unos días y avancé más o menos unos cincuenta metros. Solo me faltaban ciento cincuenta más, y después unas tres horas dentro del edificio. Y si tenía suerte, y Magoo no se volvía a curzar en mi camino, mi pasaporte iba a ser solo cuestión de tiempo. La segunda hora de cola, empezó perfilándose como aburrida pero fue el principio de algo definitivamente genial. Unos metros delante de mí, una mujer de unos sesenta años insistía haciendo preguntas que nadie en la cola podía responder. Un hombre de edad difícil de determinar, y ya cansado de escuchar las preguntas de la mujer, intentó iniciar conversación con una chica que estaba justo detrás suyo y algo así como dos metros delante mío. Comenzó a hablarle preguntando si tramitaba pasaporte y cédula o si solo tramitaba una de las dos. En algún momento de la conversación, detalle más, detalle menos, la chica comentó algo así como que solo tramitaba cédula porque a su pasaporte aún le quedaba un año más, y por el momento ambos trámites le significaban mucho dinero, como a casi toda la gente. Lo genial de esto fue que dos lugares detrás de mí, la conversación entre “Señor” y “Chica” fue traducida por “joven de sexo masculino con sesos quemados por el intenso sol” para quienes estaban cerca de él en la cola, en algo como lo siguiente: “¿Vieron che? Parece que conviene hacer solo la cédula. Así tarda menos. Dicen que si pedís el pasaporte, el
trámite te tarda un año más porque hay mucha gente”. Solo unos metros más atrás, “chica extranjera con urgencia por obtener papeles argentinos” pregunta al borde de la desesperación, y sin dejar en claro en destinatario de su urgencia “¿Escucharon? Están diciendo que hay tanta gente que la entrega de cédula y pasaporte se suspende por un año!!! Me muero… yo tengo que viajar ya!!!”Un par de minutos después, me era imposible escuchar las variaciones que sufría a lo largo de la cola, la conversación original entre “Señor” y "Chica”. Pero ese día me fui de allí por un lado con un papel firmado y sellado que decía que en unos 30 días hábiles, iba a recibir mi pasaporte y mi cédula en el domicilio indicado (razón por la cual aún me río en la cara de la Oficial Magoo, su oculista y toda su familia) , y por otro lado, con la certeza de que los cuentos más fantásticos y las creaciones más asombrosas de genios como Borges o Cortazar, han de haber surgido, indudablemente, al final de alguna cola como la de Azopardo y no se que otra calle, cuando están llenas de gente que espera…
Dos días, mil fotos, y un corte total de luz después, estábamos en la ciudad de Tilcara. 22km al norte de Purmamarca y 2500 metros arriba del mar. Nuestro primer contacto en esa ciudad fue con Miriam y Gloria. Dos fenómenos Puntanos, que rondando los 50 años de edad, habían emprendido aquel viaje, para intentar sacudirse en cualquier curva de algún camino de cornisa, los restos de un marido que había solicitado su ingreso a la categoría de “Ex”, de un trabajo perdido y de algún amor no correspondido. Después de intercambiar nuestras tarjetas de presentación verbales, compartir un día de pura caminata y mil anécdotas y unos fideos caseros nocturnos, nos despedimos entre abrazos y besos hasta la próxima casualidad.
Una vez en Iruya, a unos 2800 metros sobre el mar y muy por debajo de las cantidades de oxígeno que mi cerebro necesita para pensar con claridad, intenté conversar con Alicia, y debo confesar que me sorprendí. Pues incluso en ese estado de sub-oxigenación mental, pude darme cuenta de que aquella señora, oriunda de un pueblo al que ya no vuelve debido a lo difícil que es escalar el camino de entrada, y con sus 75 años de edad, era una perla perdida del mundo de los negocios. Alicia, así como la estaba viendo, dejó claro que haría sentir un completo estúpido al más brillante de los jefes de presupuesto y de marketing. Alicia me demostró que era capaz de bajar los costos de fabricación de por ejemplo, la Guia-T y la Filcar, en un abrir y cerrar de ojos. Para aquella dulce mujer, la farmacia por ejemplo, se encontraba “ahisito nomás” en dirección Oeste según lo indicaba su dedo. “¿Y la iglesia Alicia?” pregunté unos minutos después. “Ahisito nomás” y también hacia el oeste quedaba la iglesia. Solo para estar seguro de lo que creía que acababa de descubrir hice una última pregunta a Alicia en medio de nuestra conversación, y comprobé que de verdad había descubierto la perla que yo decía. “¿Alicia, Chile donde queda?”. Y fue como yo creía. Alicia era la genia superdotada de la Guia-T que todo lo sabe. “Ahisito nomás queda” y por supuesto y acertadamente, también para el oeste indicaba su dedo.De este modo, la lista de personas que fuimos conociendo a lo largo de este viaje se iba llenando de nombres y caras nuevas. Con algunos solo compartimos algún que otro viaje en la parte trasera de alguna camioneta y apenas si pudimos intercambiar nombres. Con otros solo intercambiamos caras de admiración frente a los más increíbles paisajes. Pero creo que todos, absolutamente todos compartimos una misma pregunta aunque muchos, y solo por respeto, no llegamos a pronunciarla en voz alta. Pues viajando en diversos buses por los más desérticos y empinados caminos de ripio a través de las montanas, fuimos testigo repetidas veces, de como algunas personas se ponían repentinamente de pie, como quien a punto está de perder su parada, y pedían al chofer que se detuviera “allí nomás”, para bajarse del bus en lo que podría describirse técnicamente como las zonas que se encuentran un poquito más allá de “la nada misma”. Pues ahí mismo se bajaban y caminaban por la ladera de las montañas con rumbo seguro hacía el lugar que despertaba en todos nosotros la pregunta en cuestión ”¿A dónde mierda van????”, al tiempo que a punto estábamos de fracturar nuestras cervicales en un intento inútil por ver el destino que perseguían… 























