viernes, 27 de marzo de 2009

Miyagi también se equivoca.

Hoy, más precisamente a las seis de la tarde, volví después de ausentarme por 15 días, al templo en el cual semana a semana voy conociéndome en forma más y más profunda. El templo en el cual, cada jueves y de a poco, voy construyendo centímetro a centímetro, el camino hacia mi mismo. Algo así como mi propia Avenida General Paz (a las seis en punto de la tarde y antes del ensanchamiento. Justo cuando hay un auto con un neumático pinchado bloqueando un carril. Y en pleno verano, un día de mucho calor y en un auto sin aire acondicionado. Y SIN calzoncillos, con un jean que ajusta de más, y con la remera absolutamente adherida al asiento, e indispuesta y dolorida por si sos mujer). Es decir, un camino a veces complicado, a veces lento, a veces atascado por completo, a veces intransitable y a veces tremendamente hincha pelotas (al punto literal, de requerir una cirugía), pero un camino. Y no solo un camino, sino el camino que YO elegí, de modo que intento transitarlo con una sonrisa.
El hecho es que hoy a las seis y cinco de la tarde aproximadamente, me recosté en el diván Miyaguístico. Saludo va, saludo viene, comenzó como siempre, y casi sin que yo me diera cuenta, nuestra sesión de hoy. Así fue como, mientras le contaba mi entretenidísima semana a Miyagi-San, comencé a jugar con los cuadritos del consultorio. Es decir, comencé a jugar, mirando los cuadritos del consultorio. Cerrando un ojo, después el otro, después los dos y después volviéndolos a abrir. Todo esto claro, sin que Miyagi-San lo note, es que ellos (y digo ellos porque seguramente el/la tuyo/ya es igual) no se calientan por esos cuadros, ni saben tampoco como se ven desde el diván, y mucho menos como se ven desde el diván y con el ojo derecho cerrado. No. Ellos no saben nada de todo esto, porque ellos están “colgados” o “atendiendo flotantemente” a cosas de menor importancia, más superficiales y poco relevantes para el proceso de terapia, como nuestra enrolladísima psiquis semi-estúpidamente atrofiada, en el complejo de Edipo, en los actos fallidos, en el olvido y en Boltraffio, Botticelli y vaya saber uno en que más. Aunque seguramente, ahora que lo pienso, colgarán también en el próximo vencimiento del gas (que por cierto aumentó para el carajo), o en lo bueno que estuvo el último capitulo de Lost, aunque ya es hora de entender de una puta vez que carajo es el “monstruo-humo” ese, porque al final sino lo explican, vamos a terminar pensando que es una representación de la gran represión inconsciente que opera sobre los deseos de muerte de la misma isla que de a poco va… y ahí justito justito en medio de todo eso, vos decís algo que atrae su maligna atención miyaguística, y así, sin más, sin anestesia dejan caer de sus bocas, aquello que todo paciente teme escuchar desde el diván. Bueno, talvez la segunda o la tercera cosa más temida, porque antes estarían frases como “la verdad, nunca he visto pacientes peores que vos” o la ancestralmente odiada “bueno… vamos a dejar acá…quiero que te quedes con eso”. La cuestión es que sino todos, al menos YO temí siempre a la frase que hoy escuché en labios de Miyagi-San. Hoy escuché de su boca, la tremenda “Deberíamos hacer una inter-consulta con un psiquiatra, yo diría que estás DEPRIMIDO”. Por supuesto que ahí nomás se me encendió la alarma interna que todos tenemos, y que existe solamente para avisarnos que ha llegado el momento de CORRER POR NUESTRAS VIDAS!!!
Todos sabemos perfectamente que entre la primera pastilla del psiquiatra y terminar turulecos como El Guasón en la última de Batman hay solo un paso. Un paso que yo no estoy dispuesto a dar, y mucho menos siendo que es un paso fundamentado en un error de mi muy muy estimada Miyagi-San. Es decir, es cierto que las últimas semanas estoy un poco tristón. Algo caído. Que paso días enteros sin salir de la cama más que para ir a buscar más y más papel para sonarme los mocos. Puede ser cierto que estoy un poco sensible de más, y que la última publicidad de crema hemorroidal que vi en la tele me emocionó hasta las lágrimas. Y puede que de vez en cuando en esta última semana esté pensando que el mundo es una mierda, y que estoy seguro de que la solución, como siempre, va a ser poner más mierda alrededor, en el mismísimo espacio exterior si se puede. Tapar la misma Enterprise y la nave de V Invasión Extraterrestre con mierda. Y así nuestro mundo va a seguir siendo una mierda, pero por lo menos no se va a notar tanto. También puede ser que piense un poco en que nada vale la pena, porque total, estoy seguro de que igual, no importa el esfuerzo, va a salir mal. Es cierto que la semana pasada me suscribí al canal 924 de Direct Tv porque ahí dan el programa evangelista "Pare de Sufrir". También puede que esté llorando en este mismo momento, porque acabo de oír en la radio, la última de Reggaeton y me emocioné. Y puede ser que últimamente me sorprenda a mi mismo pensando que el mundo sin mi sería un lugar mejor. Pero vamos. De ahí a estar DEPRIMIDO… Pfff… me parece que hay mucha distancia. Me parece que esta vez, Miyagi-San la pifió, Me parece que esta vez, me está vendiendo gato por liebre (o deseo por goce como supongo que dirán ellos).
Así fue que en el mismo momento en que Miyagi-San nombró al psiquiatra y su valijita de pastillas bobas, yo le respondí con mi más pesada batería de complejos argumentos Freudiano-Lacanianos y con vos temblorosa dije: “No… Ni en pedo”. Y parece que funcionó, porque al menos por ahora le sigo escapando al Bobero….Pfff… Deprimido yo… que ridiculez… increíble… JA…deprimido yo? Pero por favor… que no me hagan enojar mejor… porque cuando me enojo… últimamente siento que todo es culpa mía y termino llorando…

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Sos una masa escribiendo!! Me haces reir y llorar a la vez! Recorda que... Despues de la tormenta siempre llega la calma!

BETA dijo...

Hola, estoy viendo como carancho mandarte una imagen.
En fin, betinasuarez@gmail.com.
Me escribis?

ETERNAUTAargento dijo...

Genial tu relato!escribis muy bien,te felicito!.cuando puedas dejame algun comentario en mis entradas. Saludos

Florencia Sol dijo...

es lógico tenerle miedo al locólogo, ýo le tengo miedo a toda la cartilla de la obra social, jajaja. no me gusta ir al medico porq siempre te andan encontrando cosas raras. que la hipotensión,que el arco del pie vencido, que los dientes chuecos... y todo es lo mismo... para vos es una tortura, pero para ellos es ¡Cling Caja!
no te amargues,todos pasamos por esos estados de mariconeada, pero pasa... como todo =)

BETA dijo...

Estás vivo?
Escribí carajo.
(Estoy cada vez más delicada).
Beso.

Anónimo dijo...

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